Haniyeh cree que puede romper la unidad de criterio del Cuarteto pero el matiz de Rusia, cuyo Gobierno invitó al partido islamista, Hamas, a una visita oficial al Kremlin, brindándole un balón de oxígeno diplomático muy llamativo, no lo justifica en absoluto. Moscú puede hacer lo que tenga por conveniente en Oriente Próximo, donde visiblemente está poniendo un pie en la línea marcada en su día por la difunta URSS, pero en tanto que miembro del equipo que administra la 'Hoja de Ruta' se cuidará mucho de ceñirse a los fundamentos de la misma, escrupulosamente sopesados en su día. Por otro lado, el inminente Ejecutivo palestino estará solo en la singladura política que ahora se abre -no consiguió reunir ni un voto fuera de la estricta obediencia islamista- y, aunque su mayoría absoluta garantiza la investidura del Gabinete, Haniyeh debería calibrar lo que ello significa. Al fin y al cabo, la OLP, de la que Hamas no forma parte, representa históricamente al conjunto del pueblo palestino y ha dado continuidad a la causa, desde los duros comienzos de los setenta hasta la vigente situación de cuasi Estado embrionario con reconocimiento internacional.
El primer ministro de Hamas está lanzando, en cierta manera, un guiño también a las propias filas árabes que hoy abren en Jartum la Cumbre de la Liga de los Estados Árabes, y en cuyas filas se combina actualmente un mayoritario respaldo a la reivindicación territorial palestina pero con la necesidad de defenderla exclusivamente por vías políticas; como se dirá, sin duda, en el comunicado final de este próximo miércoles. Los países árabes deben, además, financiar al Gobierno palestino, que enfrenta en estos días una acuciante falta de fondos, una razón práctica que es de esperar incentive el pragmatismo del Gobierno islamista. En todo caso, esa convergencia hacia la política posible que se le exige al nuevo Ejecutivo de Hamas debe calibrar, igualmente, la posibilidad de que un Gabinete palestino incapaz de sostener financieramente sus instituciones podría ceder a la tentación de ponerse en los brazos de elementos tan perturbadores y peligrosos como el régimen de los ayatolás de Teherán.