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Lunes, 27 de marzo de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
EDITORIAL
Francia, contra la reforma laboral
Más allá de las consideraciones políticas, la situación que afronta el Ejecutivo francés es realmente seria también en términos económicos. Pero la reputación de inflexible de Villepin no debe ser un obstáculo para juzgar los méritos y la conveniencia de esta reforma laboral. La discrecionalidad que la ley otorga a los empresarios sobre la disolución del contrato viene en realidad compensada por la ayuda del Estado para la adquisición de vivienda desde el momento que comienza el empleo; además, el empleado tiene derecho a la formación profesional transcurridos dos meses; pasados cuatro -y en caso de despido-, tiene derecho a una paga mensual de 400 euros si no ha cotizado al paro, y el contrato se convierte en indefinido con todos los derechos al final del periodo establecido. En las motivaciones de los manifestantes seguro que se mezclarán muchas causas legítimas, pero en lo que se refiere a lo económico su actitud tiene difícil justificación.

El empleo juvenil francés está en el 23%, mientras que la tasa general de paro es del 9%, pero esta dificultad de la gente joven para encontrar trabajo en Francia -como en casi toda Europa- no radica en un deseo de los empleadores de provocar malestar entre la juventud sino en razones más complejas, como son la falta de adaptación de la formación juvenil a los puestos de trabajo actuales y la rigidez de la legislación laboral. La renuencia de los contratadores hacia la gente joven bajo la legislación presente ha introducido un fuerte dualismo en los mercados laborales franceses. Por una parte, están los intocables 'aristócratas laborales', protegidos férreamente por los sindicatos, y por la otra los jóvenes que chocan con un muro impenetrable a la hora de buscar el primer empleo, precisamente porque los empleadores no quieren más contratos 'blindados'. Si los líderes del movimiento contra el CPE reflexionasen sobre sus propios intereses, dirigirían su esfuerzo a extender algunas de las condiciones del mismo a todos los mercados laborales franceses, flexibilizando así toda la estructura laboral para tener cabida en ella. Pero incluso en la cuna de la Ilustración y de Las Luces la racionalidad debe superar un arduo proceso antes de imponerse.



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