Mozart, «la mejor medicina»
El violinista alemán Zimmermann y la Orquesta Nacional de España, dirigida por Josep Pons, homenajean al músico
El violinista alemán Frank Peter Zimmermann y la Orquesta Nacional de España (ONE), bajo la batuta de Josep Pons, rinden homenaje el próximo fin de semana en el Auditorio Nacional a Wolfgang Amadeus Mozart, cuya música, según el reputado solista, «es la mejor medicina». Entre el viernes 31 de marzo y el domingo 2 de abril, Zimmermann (Duisburgo, 1965) y la ONE ofrecerán la integral de conciertos de violín de Mozart, el homenaje que la Orquesta Nacional rinde esta temporada al genial compositor con motivo del 250 aniversario de su nacimiento.
Además, el programa se completa con el estreno por parte de la ONE de otras dos piezas de compositores españoles, en concreto la obertura de Hercule et Omphale, de Fernando Sor (1778-1839), y la obertura de Una cosa rara de Vicente Martín y Soler (1754-1806), músico valenciano del que se cumple este año el segundo centenario de su muerte y que coincidió con Mozart en Viena.
A pesar de que hoy es muy desconocido, tan grande fue el éxito de Martín y Soler en la ciudad austríaca -su ópera Una cosa rara disfrutó de más de trescientas funciones- que el propio Mozart lo cita en su Don Giovanni.
Por todo ello, el programa es una «estupenda idea», explica Zimmerman en una entrevista para hablar de esta serie de conciertos, que ofrece después de haber interpretado recientemente junto con Christian Zacharias las sonatas para piano y violín del compositor de Salzburgo, también en el Auditorio Nacional de Música. Considerado por la crítica como uno de los grandes violinistas de su generación, junto con Midori y Anne-Sophie Mutter, Zimmermann conoce muy bien los resortes de Mozart, al que considera «uno de los tres compositores más importantes» de la historia, y cuya música es «especialmente difícil» de interpretar tanto a la hora de manejar el «tempo» (frotar las cuerdas del violín con el arco) como el «vibrato» (pulsar las cuerdas), o ambos a la vez.
«Hay que tocarlo con mucho intelecto y a la vez hay que ser muy naif. Esa es una máxima dificultad y siempre un reto; nunca te aburres». Sobre la personalidad de este compositor, del que tantos ríos de tinta han corrido, Zimmermann indica: «En cierto sentido, puedo imaginar que tenía un increíble talento genial, y del otro lado, siento, a veces, cuando toco su música, que fue muy naif, casi infantil». «Es una opinión personal, quizá alguien pueda molestarse, pero creo que su mejor momento fue entre las composiciones KV-4 y KV-5, de sus tempranos veinte años (en torno a 1762), hasta Don Giovanni (1787). Después escribe de una manera más fácil de escuchar».