El Día Mundial del Agua fue establecido en 1.993 por las Naciones Unidas para recordar la importancia de este preciado y limitado recurso y la necesidad de una continua y permanente concienciación en su uso y protección.
En la actualidad, nos encontramos ante una situación de crecimiento insostenible de la demanda de agua, consecuencia de la gestión inadecuada del recurso y de las necesidades actuales, que derivan de:
- Alta variación de disponibilidades de agua, resultado de fluctuaciones importantes, de periodos secos y húmedos, de sequías e inundaciones.
- Crecimiento rápido de la población y aumentos significativos de las demandas por parte de actividades altamente consumidoras de agua (industrias, complejos de ocio...)
- Expansión de usos agrícolas y desarrollos intensivos de riego.
- Deterioro de la calidad de las aguas, resultado de la expansión de usos agrícolas intensivos y usos urbanos e industriales.
- Disminución de disponibilidad de aguas subterráneas unido a la contaminación importante de acuíferos.
- Incremento de las demandas necesarias para aspectos ambientales, unido a la demanda por parte de la sociedad de espacios naturales, humedales, etc.
Esta situación deriva a lo largo del tiempo en una serie de problemas a los que la política de gestión del agua tiene que dar solución. Se habla demasiado de cómo aumentar la oferta de agua y poco de otros aspectos más relevantes como el aumento imparable del consumo de la misma, siendo éste el asunto que más debiera preocuparnos, ya que no hay expectativas de que dispongamos de más agua. Por ello parece más inteligente discutir de cómo controlar la demanda que de cómo se puede aumentar la oferta.
El agua es un bien escaso y limitado, por lo que la solución a la escasez está en las políticas de gestión racional y de fomento del ahorro, sustituyendo las grandes obras hidráulicas por una política basada en estimular la eficiencia en el uso del recurso, entre otras cosas mediante la creación de bancos públicos del agua, y la incentivación de tecnologías avanzadas de bajo impacto ambiental en depuración, reutilización y desalación.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, incluyó, dentro del discurso de investidura el siguiente compromiso: « quiero anunciar una nueva política del agua, que tomará en consideración tanto el valor económico como el valor social y el valor ambiental del agua, con el objetivo de garantizar su disponibilidad y su calidad, optimizando su uso y restaurando los ecosistemas asociados».
Por tanto, desde el Gobierno central y partiendo del compromiso adquirido se ha llevado a cabo una profunda reorientación de la política del agua que responde exclusivamente a la voluntad del Gobierno de resolver los problemas de disponibilidad, de calidad y de gestión del agua asumiendo los requisitos legales de racionalidad económica y de sostenibilidad ambiental.