Viejas, pero sin fecha de caducidad
Sorzano celebró ayer su fiesta de 'Las Viejas' con pocos niños y con muchas abuelas
LAS Viejas de Sorzano no tienen edad y ayer lo volvieron a demostrar. Los primeros documentos que hablan de esta tradición, tan simpática como misteriosa, se remontan al siglo XVIII. Desde esa época, al menos, los sorzaneros salen a celebrarlas el jueves que coincide con la mitad de la Cuaresma, es decir, unos veinte días después del Miércoles de Ceniza.
La realidad es que los tiempos han cambiado, el número de niños ha descendido mucho en los últimos años, pero el espíritu sigue vivo. Por eso ayer Pablo, Víctor, Roberto, Cristina, Marian, Borja, Yousra, Nayara y Cristo recorrieron, a partir de las 15.30 horas, las calles de su pueblo en busca de los preciados regalos que desde ventanas o puertas lanzaban las abuelas. Éste es el requisito: ser abuelas y si éstas no pueden participar por su estado de salud, suelen ser sus hijas las encargadas de tomar su relevo.
En otras décadas las nueces eran el producto que más se daba, en algunos casos también se repartían pasas y naranjas. Ahora abundan los caramelos de todo tipo, los frutos secos y el producto estrella: las naranjas. Y es que a pesar de ya no supone el mismo esfuerzo hacer estos regalos los niños los aprecian ilusionados. Algunos como Roberto, de 11 años, son ya unos veteranos. «Llevo varios años participando, éste es el último (luego se irá la instituto) y me hace ilusión». Para él «el mejor premio son las naranjas (sonríe)».
Pero en esta tradición todo son ritos: las campanadas previas a la salida desde la iglesia, el recorrido y también los instrumentos utilizados. Por esta razón casi todos los niños suelen llevar colgada al cuello una bolsa (en otros tiempos un zurrón) donde van metiendo las cosas que les dan. En el caso de Roberto es una herencia. «El mío lo llevaron antes mis dos hermanos mayores y ahora yo».
Lo que ya no ocurre son los rezos que los lugareños recuerdan: «Las beatas nos hacían rezar un Padre Nuestro o un Ave María antes de darnos algo, si lo decíamos mal nos hacían repetirlo».
En la actualidad la ilusión es diferente, pero participar un rato de la fiesta demuestra que tanto niños, como abuelas y padres la siguen viviendo como si fuese la primera vez que se festeja.