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Miércoles, 22 de marzo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Día forestal
Los bosques nos proporcionan infinidad de beneficios directos e indirectos: freno de los procesos de erosión y desertificación, regulación del ciclo hidrológico, mantenimiento de la biodiversidad, contención de avenidas y de procesos torrenciales, funciones de sumideros de CO2 e incluso utilización como simples espacios de ocio y recreo. Pero, sobre todo, para la mayor parte de la humanidad, los bosques son una fuente de recursos sin la cual su futuro, sencillamente, no sería viable. A la vista de la importancia vital de estos ecosistemas cabría pensar que la humanidad debería estar vigilando con suma atención la evolución de los mismos. Sin embargo, y pese a que en los países desarrollados la política forestal está hoy día, en general, bien definida, la realidad es que ya hemos perdido más de la mitad de los bosques mundiales y sobre las pocas zonas que aún conservan una gran biodiversidad se cierne un serio peligro. Peor aún es el caso de los bosques primigenios, «los bosques primarios», de los que sólo sobreviven actualmente el 20%. Cerca de unos 5 millones de kilómetros cuadrados de bosques tropicales han sido talados entre 1960 y 1995, una superficie equivalente a diez veces España; Asia perdió un tercio de su superficie forestal y África y América Latina el 18% cada una; y más de la mitad de la pérdida neta de estos bosques entre 1980 y 1995 tuvo lugar en sólo siete países: Brasil, Indonesia, Congo, Bolivia, México, Venezuela y Malasia. La tala descontrolada para satisfacer la demanda del comercio internacional de maderas tropicales es una de las mayores amenazas para los bosques de todo el planeta, y, según el Instituto de Recursos Mundiales, afecta a más del 70% de los escasísimos bosques primarios que quedan. Hasta tal extremo se ha producido una extracción insostenible de madera que muchos países que antes eran grandes exportadores han pasado a importarla, como es el caso de Nigeria, Filipinas y Tailandia.

El desastre de Filipinas, en el que un pueblo entero fue literalmente tragado por la avalancha de lodo proveniente de una ladera deforestada, no está muy lejano en nuestra memoria y es bien elocuente de lo que ocurre cuando no se respeta el ciclo de la Naturaleza y los intereses económicos -a corto plazo- priman sobre la racionalidad. Puede que algunos de estos fenómenos nos parezcan, desde el llamado primer mundo, algo lejano y extraño; pero puede, también, que algún día comiencen a no resultarnos tan «exóticos».



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