ETA reapareció el 15 de noviembre en La Rioja justo cuando se cumplían los 25 años de su primer ataque en la región. Corría el mes de julio de 1980 cuando una torreta eléctrica situada en las inmediaciones de Logroño sufrió un atentado que sólo causó daños materiales. Ese mismo año, aquella acción inicial se convirtió en una anécdota al lado del dolor provocado por las primeras víctimas mortales: el guardia civil José Manuel López Bescós dejó su vida en Villamediana, cuando una bomba estalló al paso del convoy en que viajaba. No había acabado 1980, cuando la calle Ollerías de Logroño fue el escenario del más grave atentado registrado hasta hoy. Tres logroñeses (el comisario de Policía Carlos Valcárcel y los empresarios Miguel Angel San Martín y Joaquín Martínez) fueron asesinados cuando explotó un coche bomba a su paso. ¿Su pecado? Estaban tomando unos vinos por el Casco Antiguo.
Un cuarto de siglo de convivencia con el monstruo etarra llena de luto unas cuantas páginas como ésta. Sirve también para un recuento de atentados menores, como el frustrado ataque de aquel mismo año contra Bodegas Olarra o los que siguieron: en 1983, el objetivo de los terroristas fue el cuartel de la Policía en Logroño y el de la Guardia Civil en Calahorra; cuatro años después, un concesionario de Haro sufrió la ira fundamentalista vasca, el primero de una serie de ataques que se sucederían durante aquellos años de plomo, una historia de la infamia que continuó en la década siguiente. En 1991, estalla un coche-bomba ante el cuartel de la Guardia Civil de Casalarreina, que queda arrasado aunque no hubo daños personales.
Más graves fueron las consecuencias de un atentado semejante perpetrado en Arnedo cuatro años después, también contra las instalaciones del instituto armado, que resultaron destrozadas. Los etarras que colocaron el coche-bomba en la localidad riojabajeña protagonizaron una rocambolesca huida, que incluyó el robo de un coche de la Policía Local.
Dos años después, en plenas fiestas de Carnaval, ETA sobresaltó a los logroñeses. Varios artefactos de escasa potencia estallaron durante la noche, en la puerta de una cafetería y tres sucursales bancarias; de regreso al País Vasco, los terroristas aún tuvieron tiempo de poner otro explosivo en una gasolinera de San Asensio. Un triste precedente de la sombría madrugada del 10 de junio del 2001: una pareja de etarras colocó un coche-bomba ante la Torre de Logroño. La ciudad vivía sus fiestas de San Bernabé cuando una explosión sacudió cada rincón de su mapa: era la bomba más potente que ETA ha colocado nunca en La Rioja. Sólo hubo daños materiales, aunque fueron cuantiosos.
Antes de reaparecer el 15 de noviembre del 2005 en Haro, la última huella de los terroristas en la región se hallaba en Entrena: en el 2004, en un piso de este municipio se escondieron unos terroristas luego de un tiroteo con la Policía vasca en el Puerto de la Herrera