Londres, Holanda, Marbella, Palma, Qatar... y Logroño. El artista Lorenzo Quinn tiene actualmente toda su obra repartida por varias exposiciones y entre ellas se encuentra la que durante estos días se puede ver en la sala de exposiciones de Ibercaja en Logroño (Calle San Antón, 3). Un pequeño recorrido por el quehacer artístico, pero también vital del artista -«Cada una de mis esculturas representa una reflexión, un periodo de mi vida»-, tal cómo explicó ayer en Logroño con esa mezcla de acentos que Dios le ha dado: «La verdad es que no sé de dónde soy porque nací en Roma, tengo pasaporte americano y tengo sangre indígena americana (de su madre) e irlandesa (de su padre)». Se inició como pintor en 1982, pero pronto descubrió que en sus trabajos faltaba una dimensión. Cambió a la escultura por una necesidad creativa, sintió que como pintor no podía ofrecer nada que otros artistas no hubiesen ya realizado anteriormente. La escultura le permite transmitir sus sentimientos más íntimos al espectador; de hecho, es esta comunicación directa lo que Lorenzo pretende constantemente en todas sus obras