La composición de los lotes es fiel reflejo de las dos líneas de trabajo que se sigue con el ganado en estos altos prados: por un lado, el mantenimiento de la pureza de la raza avileña-negra Ibérica -antes llamada 'serrana'- y, por otro, el cruzamiento. Cada lote tiene novillas de una y de otra, procurando que, al menos cuatro, sean cruzadas. Con ello se cumple un doble objetivo: extender la raza pura y, a la vez, dar respuesta al deseo de los ganaderos de disponer, también, de reses 'híbridas'.
La raíz de todo este proceso son las 330 vacas madre de pura raza avileña-negra Ibérica, debidamente inscritas en el registro genealógico de las razas, que tiene la explotación agropecuaria.
Registro genealógico
Juan Bautista Chávarri, jefe de los Centros Tecnológicos de la Consejería de Agricultura y Desarrollo Económico, explica que el mantenimiento de la pureza se realiza a través del cruce con toros avileños, con carta, inscritos también en el registro. De entre los machos y hembras resultantes, «casi todos los años hacemos una selección que nos quedamos nosotros para mantener el rebaño».
Con respecto al cruzamiento, dice que la explotación agropecuaria dispone actualmente de dos machos de la raza pardo alpina, también inscritos en el libro genealógico de las razas. Las crías resultantes del cruce tienen destinos muy distintos: las hembras se entregan a los ganaderos (en sorteos como el de ayer) pero los machos van todos al matadero.
Dado que son subvencionadas, el contrato con los adjudicatarios de los lotes estipula un plazo antes de cual no se pueden vender, salvo causa muy justificada. Ello, a fin de realizar un seguimiento sobre su comportamiento en los rebaños y, a la vez, consolidar su presencia en la ganadería extensiva de montaña.