Pero no se preocupe la señora Vallejo ni los riojanos. Para empezar, este Plan no va a implicar la puesta en marcha de ningún nuevo regadío que no estuviera ya definido en el Plan Nacional de Regadíos aprobado en 2002. De hecho, muchas de las obras del Plan de Choque ya están en ejecución. Aunque no lo parezca, dada la puesta en escena, solo se trata de acelerar algunas de las mejoras en infraestructuras ya diseñadas que se encuentran en gran parte ralentizadas por trámites administrativos, fundamentalmente ambientales. Es decir, ni son 2.400 millones de euros de nueva inversión, ni tampoco son una novedad las 830.000 hectáreas de riego anunciadas.
Lo que a día de hoy es una realidad, es que los proyectos que no se estén finalizados a finales de 2008 podrán tener serios problemas financieros, perdiendo, probablemente los fondos comunitarios.
Lo absurdo de la situación es que las SEIASAS (Sociedades Estatales de Infraestructuras Agrarias) no han sido capaces de anticiparse a estos trámites ambientales, cuya lentitud, de varios años para grandes obras, es de sobra conocida.
Los regantes han valorado positivamente esta propuesta, en tanto en cuanto puede acelerar las obras; ya veremos. Sin embargo no están tan contentos con la forma en que se ha gestionado, ya que a la hora de definir las prioridades de los regadíos, no han sido consultados. Algo difícil de comprender, si se considera que la Federación Nacional de Comunidades de Regantes tiene, entre otras funciones, un fin consultivo. Además, no olvidemos que las comunidades de regantes aportan más de 500 millones de este presupuesto.
Muy chusca ha sido la valoración de Elena Espinosa, que ha planteado esta acción como un buen elemento sustitutivo del Trasvase del Ebro. Ha afirmado que con este ahorro se va a superar el volumen previsto de agua trasvasada. En primer lugar, el Plan Nacional de Regadíos y el Trasvase del Ebro eran proyectos aditivos, no sustitutivos. Además, sería bueno que la ministra refrescara sus conocimientos de geografía, porque la ubicación del maltrecho trasvase discurría a lo largo del arco mediterráneo. Es decir, un agua que tiene poco que ver con la que se ahorre en los regadíos de Asturias, Extremadura, Castilla La Mancha, Castilla y León, Andalucía o Extremadura. No estoy seguro que a los agricultores murcianos, les compense el 'cambio'.
Pero yo me quedo con la aportación cultural de nuestras dos ministras Cristina Carbona y Elena Espinosa. Han retomado un antiguo y respetable oficio, convirtiéndose en verdaderas aguadoras. Vendedoras de agua, aunque sea poca y siempre la misma, que hay que ahorrar.