Hevia, de 40 años y natural de Madrid, ha resbalado en uno de los tramos helados y cayó por una pendiente de 700 u 800 metros, según ha declarado un portavoz de la policía de Fujiyoshida, localidad al oeste de Tokio situada al pie de la montaña.
Sus compañeros informaron a los servicios de rescate horas después de que ocurriera el accidente, en cuanto pudieron alcanzar la base del monte, puesto que la caída se produjo cerca de la cima. El cuerpo del montañero fue finalmente rescatado del miércoles a las 14.30 hora local (05.30 GMT) mediante una operación en la que fue necesario acceder al lugar en helicóptero.
Según la policía nipona, Enrique Hevia murió como consecuencia de los golpes que sufrió en la caída. La Embajada española en Tokio está en contacto con la familia del fallecido y ha comenzado a hacer los trámites para repatriar el cadáver. La expedición no informó a la comisaría de Fujiyoshida antes de emprender la subida, en contra de lo establecido por las autoridades debido al peligro que entrañan las vertientes heladas del Fuji en esta época del año, según las mismas fuentes policiales.
La ascensión del Fuji-san, según el respetuoso tratamiento que los japoneses dedican a su venerada montaña, es asequible para cualquier persona medianamente en forma durante el verano. Sin embargo, el resto del año las bajas temperaturas y el hielo convierten la travesía en todo un reto.
Con sus 3.776 metros, el Fujiyama, como se conoce en Occidente a la montaña más alta del archipiélago japonés, es en realidad un volcán que registró su última actividad en enero de 1708 y que domina con su forma cónica la isla de Hontsu, a unos 100 kilómetros al oeste de Tokio.