Las imágenes del arca narran la vida de San Millán, según la biografía escrita por Braulio. Cuenta la historia que el 14 de mayo de 1030 y con la presencia del monarca Sancho III el Mayor tuvo lugar la elevación de los despojos del santo del sepulcro a los altares y sus restos depositados en el arca que el mismo rey había mandado construir. Las reliquias de San Millán fueron trasladadas al altar de la nueva iglesia de la localidad en 1067. Con tal motivo se construyó un espléndido relicario de marfil, pedrería y oro. El marfil fue adquirido por un comerciante llamado Vigila. Y los artistas que realizaron el trabajo en marfil, según cuenta Bango Torviso, fueron el maestro Engelram, de nombre germánico, y su hijo Rodolfo y García y un discípulo llamado Simeón.