La depreciación de la mujer (...) tiene una larga historia, que se remonta a tiempos muy anteriores a las revoluciones liberales. No obstante, podemos decir que la opresión de la mujer aparece con los sistemas sociales patriarcales, los cuales han convivido siempre con tipos de relaciones de producción diversas pero con un factor común: la división de la sociedad en clases y la explotación de unas clases sobre otras. Este patriarcado ha venido fortaleciendo en nuestros tiempos la ideología dominante: el relato del poder: el discurso del Capital. Y es que el capitalismo ha recargado como nadie las potencias de la institución familiar, haciendo de ella no sólo una unidad económica de consumo, sino también un teatro en el que se reproducen, a pequeña escala (y cuanto más pequeña, más intensa), las relaciones sociales y políticas de poder, encerrando a la mujer en el ámbito de lo que se ha venido llamando «lo privado» y negándole así una toma de contacto real con la esfera político-social (...).