Al incorporarse al mundo laboral, las mujeres inmigrantes tropiezan con los mismos obstáculos que las demás pero de forma acentuada. «Cuando llegan tienen que regular su situación administrativamente y se pasan años renovando papeles y demostrando que pueden vivir en este país», comenta María Luisa, abogada de AMIN. Además, los salarios son bajos y deben compatibilizar el trabajo con sus obligaciones familiares al no tener a nadie que se responsabilice por ellas. «A esta dificultad se suma el dolor afectivo de estar solas o lejos de sus hijos -sostiene María Luisa-. En cuanto se les han dado la oportunidad han salido adelante porque son todo un ejemplo de valentía».
PATRICIA VELARDE
Boliviana
«Piden papeles, no se fijan en las personas»
«A la hora de buscar empleo primero te preguntan por los papeles, siempre los papeles, y parece que sólo importa eso, no se fijan en las personas», lamenta esta joven boliviana. Patricia lleva dos años residiendo en Logroño. Primero llegó su marido buscando un sueldo con el que mantener desde aquí a su familia. Posteriormente vino ella y, entonces, cuando consiguió un trabajo de limpieza de portales, pudieron traer también a sus hijos.
BINTOU DIALLO
Africana
«En Mali daba clases en un colegio»
Hace apenas dos meses que Bintou Diallo ha llegado a Logroño, procedente de África, con un bebé de cinco meses. A primera vista, en nuestra sociedad, puede dar la impresión de ser una persona sin formación, pero la realidad es que en la Universidad de Mali era estudiante de tres idiomas (inglés, francés y alemán).
Ahora se ha visto frente a la necesidad de hablar un nuevo idioma con el fin de poder trabajar en nuestro país. «Me gustaría impartir clases de historia y geografía en un colegio como hacía en mi país», dice ilusionada, tras dos meses de estancia en La Rioja durante los que ha estado resolviendo los trámites que validaran su diplomatura de francés en España.
HARIJ FATIHA
Marroquí
«No vivo aquí porque sí, es necesidad»
Llegó procedente de Casablanca hace cinco años. Su marido es carpintero y tiene dos hijos. Ahora mismo ni siquiera se plantea ponerse a buscar empleo por el tiempo que debe dedicar al hogar y a su familia, sobre todo al hijo menor de ocho meses. «Cuando el horario me lo permita trataré de trabajar en el servicio doméstico, como no hay otra cosa...», comenta con resignación. Harij echa de menos a sus seres queridos y su tierra y recuerda que no vive aquí porque sí, sino «por necesidad».
BANDJOUGOU KEITA
Africana
«Sin saber el idioma no puedo trabajar»
Keita tiene 19 años y lleva un año buscando trabajo en La Rioja a través de la bolsa de empleo de AMIN. Confiesa sentirse muy contenta y cómoda en Logroño pero aún no se ha incorporado a la vida laboral porque le queda una asignatura pendiente: la de hablar nuestra lengua. «Sin conocer el idioma..., es muy difícil», dice esta joven que, por el momento, sólo aspira a dedicarse al servicio doméstico o a la limpieza.