Las medidas encaminadas a erradicar las desigualdades deben ir destinadas a incrementar el empleo dirigido a las mujeres, favorecer el acceso a la formación y la promoción laboral de las mismas, hacer efectiva la conciliación de la vida familiar y laboral y eliminar la discriminación laboral.
Algo ha cambiado en los últimos meses con dos leyes de capital importancia para la mujer trabajadora, ambas generadas en el marco del Diálogo Social. La primera es la Ley de Dependencia, de gran utilidad para las mujeres puesto que son éstas las que una vez incorporadas al mercado laboral, siguen llevando la carga del cuidado de personas dependientes.
La segunda es la Ley de Igualdad, que supondrá un avance en la igualdad real entre ambos sexos. En su articulado encontramos carencias referentes a la duración del permiso de paternidad y al periodo de carencia en el subsidio por maternidad. No obstante, debemos valorarla ya que recoge medidas referentes a maternidad y a la discriminación directa por razón de sexo.