Los hinduistas creen que la mano izquierda de Sati, una de las reencarnaciones de Shiva, el dios destructor, cayó en la ciudad y por ello hay templos de cada una de estas divinidades diseminados por la ciudad. Benarés no es solo ciudad santa para el hinduismo, sino también para los budistas, ya que fue aquí donde por primera vez Buda, el príncipe Siddarta Sakyamuni, pronunció un sermón ante sus cinco discípulos tras alcanzar la iluminación. Alberga además una mezquita musulmana, Aurangzed, cuya destrucción es reclamada por los integristas hindúes por hallarse en una ciudad sagrada para su religión, que profesan cerca de 800 millones de personas. Pero, ante todo, Benarés es la ciudad donde los hinduistas van a morir.
Ancianos y enfermos acuden en masa a pasar sus últimos días en la ciudad santa y se alojan en las numerosas residencias que albergan a los moribundos a orillas del Ganges. En la vera del río se encuentran numerosos centros crematorios, donde se queman los cuerpos de los devotos antes de alcanzar el nirvana, librándose de esta manera de la única atadura a la vida terrenal.