Incluso los estadounidenses, que hasta ahora estaban muy optimistas, reconocen que la situación se deteriora y amenaza al frágil Estado afgano que, a duras penas, trata de extender su poder con ayuda de la comunidad internacional.
«Nunca desde finales del 2001 los rebeldes habían representado una amenaza tal para la expansión del gobierno afgano» en las provincias, declaró el general Michael Maples, director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa estadounidense.
El lunes le correspondió a la misión de las Naciones Unidas en Afganistán manifestarse «inquieta» por el deterioro de la seguridad en el sur, donde los ataques son casi diarios, destacando «doce atentados suicidas desde comienzos de año».
Eficacia terrorista
Más allá del número de ataques, los aliados internacionales del gobierno de Karzai se inquietan por la creciente eficacia de los rebeldes, que eligen cuidadosamente sus objetivos y atacan 'a la iraquí' (bombas, asesinatos...). «La rebelión se hace más inteligente, evitando los ataques frontales y aterrorizando o eliminando todo enlace del gobierno central a nivel local», destacó el responsable occidental.
En unos meses, casi doscientas escuelas han cerrado o fueron quemadas por rebeldes talibanes, en particular en las provincias de Zabul y de Helmand, y varias decenas de responsables locales fueron atacados o muertos.
Autonomía tribal
El resultado es que son diezmados los restos del Estado que trata de instalarse en las regiones pashtún, la etnia originaria de los talibanes, muy marcada por la autonomía tribal. Los responsables afganos temen que la estrategia rebelde, alimentada por la inseguridad para impedir la reconstrucción y desacreditar al gobierno y sus aliados frente a la población, termine por triunfar. Nadie sabe exactamente cuantos son los rebeldes. «Algunos cientos, apoyados por los traficantes de droga en particular y de las redes islamistas del Pakistán o de ciertos países árabes», según las autoridades afganas.