Los blanquirrojos salieron en tromba del vestuario. Tras una primer amago del Haro por mediación de Tato -de falta directa-, el Logroñés sitió a los riojalteños en torno a la portería de Aratz. Poco a poco les fueron ganando terreno y en torno al primer cuarto de hora, los jarreros ya no tenían sitio para recular más. Sólo faltaba que los once jugadores se colgaran del larguero para defender su portería.
Pese a todo, un buen cambio de juego desde la banda derecha a la izquierda -donde recibió Omar- abrió un hueco que aprovechó Aldeondo para inaugurar el marcador. El de Andosilla ya había avisado unos minutos antes, y no perdonó en el 21. El tanto desconcertó a los jarreros, que no sabían si abrirse en busca del empate o seguir como estaban. Mientras lo decidían, Omar les marcó el segundo gol y a la larga, hizo posible que ganaran el partido.
Suerte visitante
El Logroñés se creyó ya en posesión de los tres puntos. Los blanquirrojos se relajaron. Los atacantes locales se olvidaban de que también a ellos les correspondía correr para tapar huecos y recuperar el balón, o al menos, intentarlo; y enfrenten tuvieron a la Divina Providencia que se vistió de blanquinegro.
Primero se encarnó en Velasco para dirigir su lanzamiento de falta directamente a las redes superando a una barrera que no se molestó en saltar, y luego condujo hasta el mismo destino -las mallas- un disparo muy lejano de Jaime que pilla a Ramón ligeramente adelantado. Era la segunda vez que tiraban entre los tres palos y la segunda vez que el balón llegaba a las redes. Más rentabilidad ofensiva, imposible.
Antes del descanso, las cosas ya estaban como al principio. Tras la reanudación, el Haro trató de especular con el balón, con el cronómetro y con todo lo que pudo. Los blanquinegros daban por bueno el punto que en ese momento tenían en su casillero y tampoco trataron de buscar algo más.
El Logroñés sí que quiso la victoria, pero más por inercia que por méritos propios. Trató de hacerse con el control del balón, algo que no le costó mucho porque el Haro renunció a correr detrás del cuero -prefería esperar- y jugó como lo ha venido haciendo durante toda la temporada. Practicó un fútbol preciosista, pero en muchos momentos poco práctico e inválido para desbordar a la sólida y poblada defensa jarrera. Pese a todo, la calidad blanquirroja daba sus frutos en forma de ocasiones de gol que una vez tras otra, los jugadores se empeñaban en desaprovechar. Así ocurrió con los intentos de Aldeondo, Barón, Candelas... pero no con el único del que dispuso el Haro.
Corría el minuto 90, el Logroñés ya no sufría por buscar el gol y daba por bueno el empate. Al Haro le pasaba lo mismo, pero como en la primera vuelta hubo un hombre que se salió del guión. Calleja -el jugador que marcó el gol de la derrota blanquirroja en El Mazo- envió un centro envenenado sobre el área del Logroñés, y allí Raúl en un fallo de marcaje. Tercer tiro entre los tres palos y tercer tanto. Cien por cien de efectividad.
Intercambio de insultos
Ya no había tiempo para más. El partido agonizó durante unos segundos antes de que Daniel Ocón pitara el final del partido. Con los jugadores ya en los vestuarios, un sector de ambas aficiones se empeñó en dar continuidad a la refriega iniciada en El Mazo. Las fuerzas de orden público actuaron para evitar que ambos grupos se encontraran. Acompañaron a los aficionados blanquinegros hasta los autobuses e impidieron los incidentes.
El Haro se marchó de Las Gaunas nuevamente enganchado al tren de la Liga mientras el Logroñés ve empañada su trayectoria y apartado del liderato.