Los galardones destinados a reconocer los filmes más independientes de Hollywood también repartieron suerte entre otros candidatos al Oscar como Capote, Crash y Transamerica.
Capote se llevó los premios al mejor actor, para Philip Seymour Hoffman, el favorito en los Oscar en la misma categoría, y al mejor guión.
En el caso de Transamerica, el filme centrado en un transexual obtuvo el premio al mejor guión primerizo y a la mejor actriz, Felicity Huffman.
Como bromeó la irreverente humorista Sarah Silverman, que hizo las veces de maestra de ceremonias, la victoria de Huffman es todo un éxito para «los seguidores de este actor».
Huffman aspira también al Oscar en la categoría de mejor actriz aunque la favorita en este caso es Reese Witherspoon por Walk the Line (En la cuerda floja), que no compitió en los premios Espíritu Independiente al ser un trabajo de una película de los estudios.
El premio a la mejor actriz secundaria fue para Amy Adams por Junebug y el de mejor actor secundario para Matt Dillon por Crash.
Al recoger su trofeo Dillon bromeó con la violencia de su personaje recordando que al menos «el policía de Barry Pepper (en Los tres entierros de Melquiades Estrada) es mucho peor encarado que el mío».
Todos los ganadores de los principales galardones de la gala de premios Espíritu Independiente aspiraban a repetir su triunfo en los Oscar en una edición donde las grandes producciones de estudio casi brillan por su ausencia.
Como mejor película en lengua extranjera también salió victoriosa otra candidata al Oscar, la cinta palestina Paradise Now.
La polémica
El filme centrado en el último día de vida de dos terroristas suicidas ha generado la polémica en Hollywood después de que un grupo pro israelí presentara el viernes una petición a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para que descalificara la cinta de la competición por considerarla una apología del terrorismo.
Estos premios del cine «indi» se entregaron en una gran tienda de campaña en la playa de Santa Mónica, a orillas del Pacífico.
Por su parte, un trasiego de estrellas novatas ensayaba ayer y hasta el último segundo su paso por la 78 edición de los Oscar para darle el esplendor que se espera de la mayor gala del cine.
En total, trece de los candidatos este año en las categorías de mejor interpretación eran nuevos en esto del Oscar, una ceremonia que incluso en el caso de los más veteranos rompe los nervios.
Por eso, el teatro Kodak de Los Angeles, donde se celebró la mayor gala del cine, fue ayer un ajetreo continuo de aspirantes y presentadores ensayando su entrada.
«Nos han dado un DVD donde Tom Hanks lo explica todo, pero no quiero verlo hasta al último minuto», explicaba momentos antes de la gala el único candidato español en esta ceremonia, el compositor Alberto Iglesias, aspirante por primera vez con El jardinero fiel.
Mucho más precavidos habían sido los presentadores que, como Salma Hayek, se dejaron caer por el escenario para preparar sus líneas antes de la ceremonia.
Los ensayos
Una estrella cada quince minutos. Ese fue el ritmo de los últimos días, en los que las estrellas acudieron discretas al corazón de Hollywood y accedieron al teatro por la entrada que da al aparcamiento subterráneo.
«A mí me pone muy nerviosa hablar en público», reconoció Hayek, junto con Jessica Alba y Jennifer López las estrellas hispanas que pasarían más tarde por el escenario como presentadoras.
Para los candidatos que también presentaban, los nervios eran dobles. Ese era el caso de George Clooney, la primera vez que acudía a los Oscar con sus tres candidaturas como director y guionista de Good Night and Good Luck y como actor secundario en Syriana. O de Reese Witherspoon, la que era la casi segura ganadora como mejor actriz por En la cuerda floja, que también presentaba durante la ceremonia.