Según la serie de hechos que el fallo judicial considera probados, Pedro Martínez, de 67 años de edad y sin antecedentes penales, vivía junto a su mujer y al hermano de ésta en un domicilio situado en la calle San Antón de la localidad alfareña. El día 1 de octubre del 2004, los tres se encontraban en la cocina de dicho inmueble tras haber acabado de cenar. Teresa Sáenz, la víctima, se ausentó y se dirigió a otra planta de la casa; poco después el hermano se retiró a su habitación a dormir.
Sobre las once de la noche, Pedro y Teresa coincidieron en el rellano de la escalera que comunica las dos alturas del domicilio y se entabló entre ellos una violenta discusión por motivos desconocidos. El homicida agarró un objeto contundente que no ha podido ser determinado y golpeó en el cráneo a su esposa, que cayó rodando por los once peldaños de dicho tramo de escalera.
A continuación, Pedro se dirigió a la habitación de su cuñado, al que despertó y le contó que su hermana se había caído accidentalmente por las escaleras, por lo que le pidió que se levantara y le ayudara a recogerla y trasladarla, malherida, a la cama. Transcurrida hora y media, el procesado pidió a su cuñado que se acercara al centro médico para avisar al doctor de guardia. El hermano de la víctima tardó 20 minutos en hacer este recorrido, pues tenía una incapacidad física que le producía una importante cojera. Cuando el médico llegó al domicilio familiar eran ya las dos de la madrugada. El doctor, dada la gravedad de las lesiones, decidió que la mujer debía ser trasladada al centro hospitalario de Calahorra, y, una vez allí, fue derivada al Hospital Clínico de Zaragoza, donde falleció a la mañana siguiente.
En contra de la tesis de la defensa, la sentencia -apoyada en la declaración de los forenses- asegura que Teresa no falleció debido a su caída por las escaleras sino a uno o dos brutales golpes que recibió de su marido, propinados con un objeto contundente, pues la base del cráneo «se encontraba literalmente machacada y el cerebro desecho».