Persianas en la plaza de Abastos
La Plaza de Abastos de la calle Sagasta, de la que tanto presumimos los logroñeses -con razón pues se trataba de un edificio modélico-, se está quedando obsoleta como mercado. Hay que hacer una excepción en los comercios exteriores muy diversificados que funcionan con toda normalidad. Pero lo que es en el interior del edificio, tras la desaparición de la totalidad de los puestos que existían en la planta superior, donde en tiempos hubo un animado comercio de frutas y verduras, se están produciendo abandonos que contribuyen a perjudicar la imagen del mercado y de los establecimientos que, a trancas y barrancas, se mantienen. Así, por ejemplo, en la primera planta se han cerrado ocho puestos, algunos de ellos de doble capacidad y en la planta baja, la más concurrida, hay otros dos abandonados.
Ir los viernes de Cuaresma a hacer una visita piadosa a la ermita del Cristo del Humilladero es una de las tradiciones logroñesas de más arraigo. Hace años era un peregrinaje por una carretera, que todavía se le llama del Cristo, ahora calle General Urrutia, sin otras molestias de tráfico que los carros de la verdura de las ubérrimas huertas de la Isla tirados por caballerías. Ello permitía a las chavalas que fueran saltando a la soga ocupando toda la carretera. Detrás de las chavalas iban los chavales, quienes, en ambos casos, llegados al destino, se esparcían por el monte, con sus hondonadas y sus olivos, y se ocultaban para, ustedes nos entienden, aliviar sus vejigas. Creemos que el enclave bien merece la creación de unos servicios que solucionen el problema y así parece que lo ha entendido el Ayuntamiento que ha instalado unos urinarios en la ermita para atender las necesidades de los devotos.
Se dice que lo que no quieras para ti no lo quieras para otro. No parece que lo hayan tenido en cuenta quienes protestaron insistentemente para que les quitaran de las inmediaciones de su casa en la calle Padre Claret un transformador de energía eléctrica. Han tardado en hacerles caso, pero lo han conseguido. Y lo han llevado a unos 30 metros de distancia, justamente enfrente, con una casa cercana (a unos 10 metros), cuyos vecinos tendrán, suponemos, los mismos derechos a protestar que los anteriores. Además, al margen, la colocación del artefacto ha sido toda una chapuza, pues lo han enterrado en un jardín, pero tan pegado a la acera que no va a ser posible disimularlo con unos setos, como parecía lo propio.
Curiosa y valiosa la colección de dedales que se exhiben en una bien preparada vitrina en la carnicería-charcutería Casa Elvira, en el número 33 de la calle Lardero. Tienen unos cuatrocientos y, como está completamente llena y tiene bastantes más, está preparando otra vitrina. Lo simpático del caso es que son regalos que le hacen sus clientas que se acuerdan de la colección cuando salen de viaje.