Teherán insiste a menudo en que no busca fabricar el arma nuclear, pese a que Estados Unidos y otros países sospechan lo contrario. La diplomacia rusa apuesta oficialmente sobre esa hipótesis al proponer enriquecer en Rusia uranio destinado a las centrales iraníes, pero las negociaciones se topan con el rechazo de Teherán a aceptar una moratoria sobre el enriquecimiento en su territorio.
Según una minoría de expertos, «la fabricación de la bomba atómica iraní vendrá en un plazo que va de seis meses a uno o dos años. La mayoría se inclina por un plazo de algunos años, hasta cinco», señala el informe. «Sea lo que sea (...) el mundo haría mejor en empezar a acostumbrarse a partir de ahora a coexistir con un Irán potencia nuclear», aconsejan los autores del documento.
Consideran este avance negativo para la seguridad de Rusia, pero estiman que sus consecuencias «no serán catastróficas mientras el régimen iraní se mantenga estable». Teherán no utilizará el arma nuclear ni comunicará su tecnología a otros países ni a grupos terroristas, opinan los expertos rusos.
Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, dijo ayer no disponer de información sobre un acuerdo presuntamente alcanzado en Viena sobre el problema nuclear iraní, pero admitió «tener idea» de lo que pueda tratarse. «No he oído nada. Tengo idea de lo que puede ser, pero no quiero adivina», dijo el ministro.
Medios digitales rusos han informado que un miembro anónimo de la delegación iraní dijo en Viena que Irán y Rusia han alcanzado un «acuerdo completo» sobre un conjunto de medidas que «satisfacen todas las demandas de la comunidad internacional, de Irán y del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA)».