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Viernes, 3 de marzo de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
TRIBUNA
Nacionalismo en el Banco Central Europeo
SE veía venir. Desde el fracaso del referéndum sobre la Constitución Europea, cada uno de los países miembro ha tirado por su lado. En materia política con diferentes recortes de libertades para luchar contra el terrorismo; en el ámbito social con muy distintos desmoches de los sistemas de Seguridad Social; en lo que se refiere a la economía, con medidas contrapuestas para frenar o impulsar opas. Pero donde más se ha apreciado esos diferentes entendimientos de lo nacional frente a lo europeo ha sido en la política de tipos de interés.

EL BCE subió ayer un cuarto de punto el tipo de interés, hasta el 2,50%. Es la segunda vez que lo hace Jean-Claude Trichet desde su llegada a la presidencia. Y lo ha hecho porque, como buen francés, está preocupado por la inflación derivada del precio del petróleo que padece su país pero, sobre todo, porque el espíritu rentista galo exige mayor rentabilidad de los ahorros. En cambio, mientras estuvo al frente de ese banco Wim Duisenberg, holandés pero aupado por Alemania, los bajó del 4,5 al 2% para que el país que lo protegía saliera de su recesión y crear empleo sin preocuparse del aumento de precios, porque eso no ha sido nunca problema en Alemania.

Lo malo que tienen los economistas antiguos es que todavía no se han dado cuenta de que «no existe ninguna probabilidad de que la política monetaria pueda tener ni siquiera el mínimo efecto sobre el gasto del consumidor» ni de que «cualquier medida destinada a animar o desanimar la petición de préstamos y la compra se verá automáticamente enfrentada con el mecanismo de creación de demanda del consumidor». O lo que es lo mismo que, aunque la sociedad europea esté en crisis subir los tipos no frena la demanda ni, por tanto, la inflación. Por cierto, lo entrecomillado no es una opinión personal sobre la inelasticidad de la demanda en función del precio. Lo escribió John Kenneth Galbraith en La sociedad opulenta.



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