Los hogares dedicaron 56.175 millones de euros a la adquisición de alimentos, lo que supone un aumento del 3,6 puntos y representa el 72,2% del desembolso total. Cada español dedicó una media de 1.307 euros al año y 109 euros al mes a rellenar la cesta de la compra, y consumió 654 kilogramos/litros. Los productos frescos supusieron la mitad del desembolso. Así, la mayor parte del dinero se dedicó a la adquisición de carnes (el 27,6%), pescado (11,9%), productos lácteos (11,4%), frutas (10,2%), hortalizas (9,4%), y panes, pastas y bollos (7,1%).
Los consumos varían en función del tipo de hogar, según los datos que el Ministerio de Agricultura hizo públicos ayer. Las parejas con niños, que constituyen el colectivo mayoritario (26,5% del total), basan su alimentación en platos preparados, lácteos, bollería y agua mineral. Cuanto más pequeños son los hijos, mayor es el gasto. Estos gustos, salvo por los pasteles, son compartidos por los jubilados (21,5%), que se caracterizan por buscar los precios más bajos, preferir los alimentos tradicionales y cuidar su salud.
Parejas sin hijos
Las parejas adultas sin hijos (9,2% de la población) comparten estas preocupaciones, pero gastan más en carne, frutas, hortalizas, pan y refrescos. Los adultos independientes (6,6%), que se caracterizan por un hedonismo no reñido con las dietas, dedican la mayor parte de su desembolso a hacerse con pescados, pan, frutas y bollos. Los jóvenes independizados (4,5%), autocalificados como «innovadores e impulsivos», lo que priorizan es ahorrar tiempo, y por ello apuestan por los platos preparados, la bollería, la carne y los refrescos.
Los vinos con denominación de origen, las frutas y hortalizas, y las botellas de agua mineral son los productos cuya demanda más aumento durante el año, aunque seguidos muy de cerca por la bollería, los platos combinados y los derivados de lácteos. Por contra, cayó el consumo de los vinos de mesa, la pasta y los zumos.