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Domingo, 26 de febrero de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
TRIBUNA
El cuidador de sí
El Estatut catalán, ése que dentro de unos años se convertirá en hito inamovible de sus fijos negadores de hoy, va derechazo a su renovación, sitiada por el cerco inquisitorial del Tribunal Constitucional. El acuerdo global alcanzado entre el Gobierno central y los conservadores periféricos ha emparejado en su contra a republicanos de Barcelona con nacionales de Génova. ¿Qué disparate! Extirpado el cardo, el forzado celo 'popular' debería cesar. De persistir, sólo otra operación de cambio de siglas, sin cobertura en el seguro, les permitirá abrazar el presente en el futuro. Descuiden, saltarán a bordo en el último momento, y además, querrán convertirse en abanderados del convoy.

La nueva representación escénica orquestada por el demonio de rasgos circunflejos ha dejado perplejos a los extremos desfasados, colgados siempre por exceso o por defecto. ¿Angelitos! El político filipino, José Rizal, advirtió, antes de ser fusilado, del peligro de los frecuentadores del pasado y su negativa secular: a cada paso, una hecatombe. A veces, incluso, sin paso. Piqué expresó parecida admonición y ahora pide apoyos a su debacle. Un fusilamiento moderno.

Centrémonos en el todavía líder de la oposición. Insiste Mariano por la mañana, y por la noche, en la quiebra nacional, y lo hace de forma solemne, como acostumbra casi toda la gente superficial, recuerda Chesterton. Generoso consigo mismo, embiste de firme contra su frívolo engañabobos por estar en las nubes, por no saber dónde tiene la mano derecha. Recuerda Rajoy a Davies, el personaje creado por Harold Pinter en The caretaker, un hombre descentrado, tan obsesionado con la locura del vecino que descubre su propia chifladura. Empeñado en demostrar la inanidad del otro, el cuidador descuida la suya.

El proyecto estatutario se depura y amenaza al único que se romperá de prosperar una reforma plenamente constitucional. Sin resuello, «como al río que revuelven de vez en cuando, para matar el hambre, cuatro pescadores necesitados», el opositor 'chavista' esconde su inepcia tras una colecta capciosa contra algo inexistente. ¿Qué poco les importó, mientras gobernaron, el sentir de una España unida cuando ésta le rubricó su rechazo multitudinario en la calle vestida de negro! No quisieron ver la viga en nación ajena y sí la paja en la propia (nuevo refrán popular, o populista, como ustedes vean).



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