«Desde 1856 ha habido una impresionante retirada de este glaciar, pero ha sido mayor sobre todo en los últimos veinte años, lo que refleja el impacto del cambio climático», dijo ayer el geógrafo Hanspeter Holzhauser, quien trabaja para la UNESCO estudiando los movimientos de ese glaciar.
En el caso de Suiza, la retirada en la masa de sus glaciares se ha producido en 84 de los 91 que ha estudiado la Comisión de Glaciología de la Academia de Ciencias Naturales suiza, país que cuenta con 1.800 glaciares alpinos.
Holzhauser subrayó que «los glaciares son un indicador muy sensible del cambio climático», un fenómeno que se produce de forma natural, pero también por la interferencia del hombre. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), con sede en Ginebra y dependiente de la ONU, recuerda que «parte del cambio climático actual es por interferencia humana en el sistema climático, debido a la inyección masiva de dióxido de carbono y otros gases en la atmósfera».
Ese gas, junto al metano, el óxido nitroso y el ozono troposférico, generan el efecto invernadero, ya que retienen una parte de la energía irradiada desde la superficie de la tierra, lo que a su vez produce el efecto de recalentamiento.
El geógrafo suizo explicó que «en los Alpes la temperatura ha aumentado 1,5 grados centígrados desde 1850, y de esa cifra el mayor incremento, de un grado, se ha producido en los últimos 20 años». «El tamaño de este glaciar, uno de los mayores de Europa, ha experimentado reducciones muy significativas desde 1975», explicó el científico, que también se refirió a que las medidas «son políticas».
El Protocolo de Kioto, que se firmó en 1997, pero que ha entrado en vigor hace sólo un año, es el último instrumento adoptado por la comunidad internacional para hacer frente a ese fenómeno.