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Viernes, 24 de febrero de 2006
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LOGROÑO
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Un libro para la eternidad
La obra póstuma de Antonio García Aparicio vio la luz en un acto de homenaje en Logroño
«¿Qué suerte la de tener un entorno que me quiere, que se preocupa por mí, que acude en mi ayuda y recorre conmigo el camino!». Cuando ya veía cara a cara la muerte, Antonio García Aparicio escribió estas palabras. Le habría gustado a Antonio estar ayer en el Auditorio del Ayuntamiento de Logroño, donde decenas de amigos le homenajearon. Le habría gustado sobre todo porque podría haber comprobado, de primera mano, que su frase se cumplía en todas las palabras.
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Antonio García Aparicio, profesor del Instituto Tomás Mingot, político y escritor, murió el 25 de enero, víctima de una enfermedad, a los 63 años de edad. Su biografía incluía hitos públicos de gran relevancia: había sido jefe de Gabinete de José Ignacio Pérez (1990-95), consejero de Cultura con el Gobierno socialista y diputado en el Parlamento regional: la familia socialista no faltó al homenaje. Sin embargo, sus amigos quisieron recordar el perfil literario de Antonio, porque ayer celebraron la publicación de su segunda novela, Esa caja que suena, la obra póstuma del escritor riojano.

«Él vio las pruebas, así que sabía que se la iban a publicar», recordaba el profesor de la Universidad de La Rioja Bernardo Sánchez, compañero de Antonio García Aparicio en el Gobierno de La Rioja y uno de los organizadores del homenaje. «El estilo de Antonio mezclaba sus facetas de profesor, de humanista y de lector, con un gran bagaje tras sí», destacaba Sánchez. La primera novela de García Aparicio, El ojo fatigado de la luna, había visto la luz en julio del 2004. También estaba en las librerías Estallido de luz, una recopilación de 51 poemas. Y en sus planes futuros figuraban multitud de proyectos. El cogote de su señoría, las supuestas conversaciones entre Espartero y su caballo, aparecía como su próxima parada.

La familia del homenajeado participó de lleno en la fiesta. De hecho, el último libro de García Aparicio estaba dedicado a sus dos hijas, Aitana y Ana. También Carmen López, compañera del escritor durante 21 años, se mostraba emocionada. «A todas sus facetas se entregaba con pasión», contó Carmen, «y con mucha serenidad, conseguía distribuir su tiempo para llegar a todo».



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