Durante el tiempo que fue propietario el Ayuntamiento de Logroño del Rancho Pérez, se decía por Prado Viejo que este peculiar edificio sería acondicionado como albergue de peregrinos, sin embargo, las últimas noticias parecen indicar que pudo ser un simple rumor.
El Rancho Pérez, que dicen representa «la arquitectura tradicional riojana», conserva los viejos espacios para usos domésticos, agrícolas, ganaderos e industriales, abrazados por una tapia de doble mampostería que lo convierte en una especie de cerrado medieval.
Suponemos que el Concejo logroñés habrá revisado los antecedentes históricos de este conjunto y su denominación original, pues el nombre Rancho Pérez no parece corresponderse con su aparente antigüedad.
Prado Viejo y su entorno conservan una riqueza toponímica tan importante como desconocida. Un patrimonio inmaterial que se está devaluando a medida que topónimos, ampliamente documentados en época medieval y moderna, como San Adrián o Los Lirios, son adjudicados a sectores urbanísticos que no les corresponden. Es imprescindible revisar la metodología de esta gestión municipal, pues son muchas las personas que tienen derecho a disfrutar, en sus nuevos barrios, de la identidad histórica que les pertenece.