Para este docente, una de las principales injusticias que se comete con el colectivo interino es empezar cada curso de cero, empezar a trabajar para ganarse la confianza como si empezarán por primera vez. «Llevo 10 años demostrando que sirvo para mi puesto porque no sólo he desempeñado el currículo de mi asignatura hasta el extremo, sino que he ampliado mis conocimientos, me he obstinado en hacer mejor mi asignatura..., pero la Administración no da por hecho estas cosas».
No ha sido su caso, porque en su especialidad técnica hace tiempo que no se han abierto las listas, pero asegura que compañeros suyos, «después de años de trabajo, han visto cómo alguien de fuera se les colocaba por delante simplemente porque que llegaban con más experiencia». Y es, como señala, La Rioja «siempre ha sido una Comunidad golosa, porque de trabajar en un punto perdido de Aragón o irte a un pueblo de Teruel o más lejos, pues la gente prefiere quedarse aquí, y si te favorecen las cosas como esta Administración, pues mejor». También ahora cree que, irremediablemente, en cuanto saquen la convocatoria, habrá una avalancha de candidatos que vendrán a aprovechar «la última y publicidata oportunidad que da La Rioja».
A juicio de este profesor, esta forma de temporalidad laboral «se ha enquistado en la Administración por propia comodidad» y asegura que no son los propios interinos con trabajo los que se oponen a abrir oposiciones para mantener sus puestos. «Queremos que se convoquen oposiciones. Pero, claro también la Administración también me tendría que decir qué va a hacer con mis 10 años trabajados y si van a contar si me convocan oposiciones...». Este docente de Logroño reclama a la Administración para los interinos el mismo mimo y cuidado que se da a cualquier otro profesor. «¿Qué diferencia hay entre mis compañeros y yo? La única que no cobro antigüedad, ni me puedo beneficiar de las leyes».