Carmen cruza pausadamente el puente sobre el Tirón con una mano aferrada a la bolsa del pan y la otra en la bufanda que le protege de un frío puñetero. «¿Garzas? Por aquí siempre se ve alguna», confirma al visitante apuntando a un recodo de la ribera que suelen frecuentar. «Eso sí, basta que vayas a buscarlas para que hoy no las encuentres», añade. De lo que ni ella ni otra vecina con la que se cruza saben nada es de ésa que dicen que ha aparecido muerta por aquí. «¿Es que no se mueren igual que otros animales?», se pregunta cargada de naturalidad.
«Ha debido ser una garza vieja que se le veía a menudo, la de la pata rota que ya no se marchaba con las demás», aventura un parroquiano en el bar 'Poli' al calor del primer café del día. Sus compañeros de tertulia asienten. Como si el ave en cuestión hubiese formado durante años una parte más paisaje y ahora, al contemplarlo, se le echara en falta.
Cayo se suma a la tesis. «Siempre suele haber unas cuantas parejas de garzas, pero ésa que te digo andaba sola». Apoyado sobre la barandilla del puente, apunta incluso la zona donde más se dejaba ver y el punto en el que todos coinciden que probablemente apareció el cadáver. «Fue allá, unos cien metros más abajo», orienta al fotógrafo.
Dentro de 'El Refugio', el apagón ha sido definitivamente derrocado como tema central de conversación. Los clientes intercambian datos -«ésta que yo te digo era gris, no blanca como las otras que emigran»- e hilvanan hipótesis sobre el cómo y el cuándo. «En realidad la encontraron el viernes», asegura Salvador. «La vio un chaval que está construyendo unos chalés aquí al lado y se lo dijo a la dueña del bar; ésta se lo comunicó al guarda forestal, que debió avisar a los de Medio Natural para que vinieran a recogerla», relata.
«Tanto revuelo para nada»
A falta de otra ave que retratar, el vuelo de las cigüeñas lleva la mirada hasta la torre de la iglesia de San Martín. Junto al templo, resguardado en unos soportales, Gumersindo quita hierro al caso. «Primero se montó con las vacas locas, luego con la peste porcina, ahora con esto... Lo único que hacen es meter miedo».
Nada más terminar la frase llega el alcalde de la granja aviar donde trabaja cargado de confianza y noticias frescas. «La prueba del laboratorio de La Grajera ha dado negativo», informa Basilio Ruiz. «Ya ves, tanto revuelo antes de hacer los análisis para nada», dice para insistir en que las cosas se tomen con más tranquilidad. «Si no fuera así, no llevaría más de 30 años en el negocio del pollo».