Porque igual que existe una ruta gastronómica o un mapa sentimental, la capital riojana ofrece un particular recorrido que tiene como hitos estos símbolos labrados en piedra o forjados sobre hierro. Una senda mil veces pateada por el corazón del Casco Antiguo pero donde el viandante, salvo con contadas excepciones, rara vez levanta la cabeza para reparar en esas tachuelas de la historia.
'Amigos de La Rioja' ofreció ayer la Glorieta del Doctor Zubía como punto de arranque y el contundente escudo desmaquillado por el musgo y las meteorología que reposa en los jardines como primer eslabón. Ha estado ahí siglos, pero sólo ahora hay unos minutos para observarlo. Federico Soldevilla, el cicerone, fue el encargado de explicar las peculiaridades de éste y de los demás. De los que están a pie de calle y de los que guarda, por ejemplo, el interior del instituto Sagasta. De los que aún quedan y de los que estuvieron pero han desaparecido.
El grupo enfila luego a El Espolón, pero en el breve trayecto hay tiempo para topar con más ejemplos sorprendentes, como las 'firmas' que jalonan las farolas fernandinas y que en su base guardan una referencia a Fernando VII. «No hay que irse lejos; el mobiliario urbano está plagado símbolos y referencias institucionales», explica Soldevilla antes de dirigir la mirada a la Concha y recordar el trabajo del escultor alavés Joaquín Lucarini.
Y de allí a las alturas del banco de Santander -«su escudo alude al de la capital cántabra, con su barco y su castillo»- a la esquina de Ibercaja, a la fachada del Tívoli donde están incrustadas las señas de identidad del Solar de Tejada y Valdeosera. El mercado de San Blas, las modernas recreaciones gastronómicas del 'Carabanchel', las marcas del cantero en las paredes del Museo de La Rioja y la muralla del Revellín, la iconografía de los señores de Yanguas, los recuerdos de Marqués de San Nicolás...
Ni el mal astro ni la lluvia que salpica las paredes a esas horas de la mañana amedrenta a los excursionistas. Como Pilar, una asidua a estas iniciativas de la asociación cuya opinión coincide con la que sus compañeros: «Parece mentira que pase casi todos los días al lado de estos escudos y nunca me haya dado cuenta que estaban ahí». Una reflexión que hilvana con el esfuerzo desinteresado de 'Amigos de La Rioja'. «Si no fuera por ellos, las cosas que nos perderíamos».