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Domingo, 19 de febrero de 2006
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TRIBUNA
Español en la intimidad
Escribo este artículo mientras doña Carmen Calvo Poyato, actual ministra de Cultura, visita los Monasterios de San Millán de la Cogolla. Por eso lo hago con la alegría y con la esperanza de que los aires del valle del Cárdenas le ayuden a reflexionar sobre diversas cuestiones en relación con la lengua oficial de nuestro país.

No voy a cuestionar si su cartera de ministra se la debe a la sexista cuota del Gobierno Zapatero, pues es reconocida por ella misma su condición de feminista convencida; mucho menos voy a poner en duda su gusto a la hora de elegir su vestuario (me alegro por Ágatha, no lo duden); no quiero satirizar tampoco sobre aquel pequeño desliz lingüístico que tuvo en el Senado cuando confundió, a pesar de su dilatada experiencia universitaria como docente, el verbo latino dixit ('dijo') con el pequeño ratoncito de los dibujos animados (Dixie). Sólo pretendo darle a conocer a la ministra natural de Cabra (Córdoba) algunos problemas que tienen los castellanoparlantes en su propio país.

El pasado 10 de enero el presidente del Gobierno afirmó que el régimen lingüístico vigente en Cataluña no se modificaría en el nuevo Estatut. Nada menos cierto: el alto precio de los nacionalistas se ha traducido en un pacto que bien sabemos que convierte lo que era un elemento de riqueza cultural en un factor de discriminación, que transforma en una obligación lo que hasta ahora era un derecho. El PSOE ha asumido la obligación de conocer el catalán impuesta a los ciudadanos de Catalunya, una obligación contraria al artículo tercero de la Constitución de todos, que limita el deber de conocimiento general al castellano.

En nuestra región, en La Rioja, la mayor parte de la gente ignora las dificultades que tiene un padre de familia en Catalunya para que su hijo reciba su educación en castellano. Aunque parezca increíble, es normal que se multe y sancione a los comerciantes que rotulan sus locales y productos en la lengua común de más de 40 millones de españoles: así, por poner un ejemplo, el popular Drunken Duck logroñés ni siquiera podría apodarse Pato Borracho. Las inspecciones a comercios y restaurantes se han incrementado en los dos últimos años el 400%, además del millar largo de denuncias anónimas recibido por la Generalitat en el 2005: el Govern lleva ya recaudados 81.250 euros en multas y tiene otros 94.950 en fase de resolución.

Además, todo el personal que desee trabajar en la administración pública, ya sea regional o estatal, deberá parlar catalán. Un joven riojano -como yo- nunca podrá presentarse a unas oposiciones en Catalunya. Hace escasas semanas supimos cómo la Generalitat auditó ocho hospitales para comprobar si el personal sanitario habla catalán entre sí y con los pacientes, y si los historiales clínicos están también redactados en lengua catalana. ¿Van a hacer una lista negra con los nombres de los doctores que usen el español en sus recetas? Cullons, un poco de respeto. Así que señora, ni se le ocurra enfermar cuando visite la bella ciudad condal, pues quizás no se entienda el médico con usted, ni usted con el médico, no vaya a ser que interprete por 'calentón' lo que en nuestra lengua se conoce como una simple 'fiebre'.

«Existe algún caso aislado de algún problema absolutamente circunstancial», presidente Rodríguez dixit (ministra, dixit, no Dixie): el Caballero de la Eterna Sonrisa ocultaba de esa forma en la entrevista con Gabilondo (27/01/06) las casi 500 denuncias relacionadas con la discriminación del castellano en Catalunya que el Defensor del Pueblo ha recibido en los últimos tres meses. Vergonzoso. ¿Por qué un catalán no puede sentir como suyas las dos lenguas?

Y en esa situación tan 'normal' que describe Rodríguez es también de lo más 'normal' la conocida ya como Policía Lingüística -el nombre oficial asusta aún más: 'Coordinador lingüístico de interculturalidad y de cohesión social del centro', ¿toma ya!-. Con ese bonito nombre ese señor está encargado de que en cada escuela, pública o privada, se controle hasta en el patio, hasta en el recreo, la lengua de los escolares para que exclusivamente hablen el catalán.

Es por todo esto por lo que hoy me veía obligado a usar la palabra. Parafraseando las de Aznar en su día, hay miles de catalanes que ya 'sólo' hablan «español en la intimidad». Creo que el Estatut tiene un precio muy muy alto que vamos a pagar el resto de españoles. El por qué, no lo sé. Que se lo pregunten en La Moncloa a Carod y a su socio de gobierno.

Concluyo estas líneas dando el sí a la consulta popular que ya se está realizando en nuestras calles, porque «considero conveniente que España siga siendo una única nación en la que todos los ciudadanos seamos iguales en derechos y obligaciones, así como en el acceso a las prestaciones públicas».



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