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Domingo, 19 de febrero de 2006
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LOGROÑO
| RUTAS CON SABOR | ESCULTURAS
Desventuras de una estatua en su ciudad
Las espectaculares réplicas que se guardan (y pueden visitarse) en la Escuela de Artes proceden de la antigua colección que poseía el Instituto Sagasta en su museo. Están la Venus de Milo, Diana cazadora, Hermes, Mercurio y Baco, Apolo, Ganímedes y el águila y el espectacular conjunto de Laoconte, entre otros muchos modelos clásicos griegos y romanos de gran belleza incluso en escayola.
UN ICONO. El grupo, ante la escultura más emblemática de Logroño, la estatua ecuestre de Espartero, de Pablo Gilbert. / JUAN MARÍN
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Se cuenta que al ser trasladadas del Sagasta a la Industrial, algunas de ellas fueron arrojadas al Ebro. Quizás sea una leyenda urbana, pero lo que le ocurrió a la estatua de Sagasta es bien cierto.

«Una noche, la alargada sombra del fanatismo oscureció el bronce sagastino -relatan crónicas posteriores-. El 29 de noviembre de 1941, con el régimen de Franco aún en sus albores, una cuadrilla de jóvenes facciosos, bajo la advocación de la División Azul y arengada por el poder ilegítimamente constituido, asaltó la estatua, la decapitó, arrastró su cuerpo sobre el áspero suelo y arrojó su busto a las profundidades del Ebro. La cabeza nunca se encontró. Toda la ciudad supo lo ocurrido, pero la ley del silencio imperó una vez más. Algún editorial de prensa justificó la felonía de aquellos cachorros de la intolerancia, alguno de los cuales aún peina canas».

La figura de Sagasta, como todo lo que oliese a liberal, había sido demonizada en aquella época y su escultura, sufragada en su tiempo por los logroñeses, primero fue 'exiliada' de su emplazamiento original frente al Instituto al Puente de Hierro. De allí fue de donde la arrojaron a las aguas. Décadas después de ser rescatada, se le encargó rehacer la cabeza a Jesús Infante y fue fundida al cuerpo en Madrid. Pero todavía tuvo que pasar mucho tiempo en los almacenes municipales hasta que se volvió a instalar en el lado oeste de la Glorieta. Hoy una estatua de tan destacado personaje parece reclamar un pedestal más alto y una ubicación que le haga justicia.



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