La capacidad narradora del autor de 'La Guerra de los mundos' es incuestionable y facilita la construcción de un poderoso thriller, conducido con sobriedad y tensión, etiquetado según las características de 'comandos especiales' que es la llave para ilustrar tanto un suceso inspirado en hechos reales, como la descripción de un grupo de fuerzas de elite entregados a una causa muy personal (restañar la herida causada a su país) y que alcanzan la ignominiosa función de asesinos a sueldo.
Sin duda, un material interesante, incluso coyuntural, en el que la palabra terrorismo está omnipresente por cualquier motivo, que viene a exponer una reflexión acerca del sacrificio incondicional de un puñado de hombres inmeros en una secreta operación de Estado que el guión se encarga de potenciar gracias a matices (perfil de los personajes) consistentes que aportan músculo a un relato en apariencia trivial sobre cazar y eliminar a los cabecillas y organizadores de Septiembre Negro que perpetraron el asalto a la Villa Olímpica de Munich.
El punto de vista de este afortunado trabajo de Spielberg recae en la figura del agente del Mossad, Avner, interpretado con convicción por Eric Bana ('Troya'), que no duda en renunciar a su rutinaria pero feliz vida (la misión le hace coincidir con el último mes de embarazo de su mujer) y que se compromete, casi sin rechistar, al encargo de la primer ministro israelí, Golda Meir, de liderar un grupo profesional de 'matones' que vengue y devuelva la afrenta recibida por los enemigos del pueblo de Israel.
Avner es un típico personaje de la filmografía de Spielberg. Con un padre ausente y una fe ciega en un patriotismo obsesivo, acomete el encargo con pasión inquebrantable, dispuesto a todo, rodeándose de una ecléctica banda dispuesta a permanecer en el más estricto anonimato y a acatar los dictados de la orden con mortífera destreza.
A partir de aquí, los senderos que recorre la película devienen en perfectos clichés del mejor thriller político de acción, en el que el espectador, seguramente simpatizante de las sucesivas 'gestas' del comando, queda atrapado por un modelo de género colosal y entretenido, tanto por los pormenores y preparativos de las diversas ejecuciones, como en aquellas parcelas que tienden a penetrar en los personajes, fieles servidores de una causa, a la altura de 'criminales' que sólo 'despachan' a los objetivos seleccionados, es decir, que procuran que no haya daños colaterales, aunque alguna vez se les va un poco la mano.
Por su duración, 'Munich' atiende bastantes focos que están muy bien integrados en la columna vertebral (los confidentes, los viajes para ver la familia, la asesina de Londres), pero si he de destacar señas del estilo de Spielberg, me quedo con sus magníficas transiciones (sangre que se convierte en el color del amanecer) y el montaje que incluye secuencias de la tragedia de la Villa Olímpica y la carnicería del aeropuerto alemán.