Un Parlamento 'sui generis', el palestino, será constituido formalmente hoy y, en cuanto tal cosa ocurra, la Autoridad Palestina será considerada por Israel una entidad terrorista, según la notable descripción de los ministros israelíes de Asuntos Exteriores y Defensa y técnicamente acuñada por un juez del Tribunal Supremo. Será 'sui generis' porque de sus 132 diputados, catorce están encarcelados en Israel (diez de Hamas, tres de Fatah y uno del Frente Popular) y porque el juramento de otros muchos habrá de hacerse por videoconferencia.
Los islamistas no podrán desplazarse de Gaza a Cisjordania y el futuro primer ministro, con toda probabilidad Ismail Haniya, de Hamas, ha sido ya informado de que no se le permitirá viajar a la capital palestina, Ramala.
El gobierno Olmert adoptó ayer la línea dura: retención del dinero palestino recaudado como impuestos, imposibilidad traslado de personas y bienes entre Gaza y Cisjordania, cancelación del proyecto de construir un puerto en Gaza, etc. Parece claro que Israel tiene en marcha un plan para ahogar económicamente a la Autoridad.
La existencia de un plan americano-israelí al respecto fue difundida por Steven Erlanger el lunes pasado en el 'The New York Times'. En un editorial titulado 'La manera adecuada de ejercer presión sobre Hamas', el periódico recordaba que no hay la menor prueba en décadas de que la fuerza y la presión hayan ablandado la resistencia palestina, sino más bien de todo lo contrario, y recomendaba al gobierno americano dar una oportunidad a Hamas de reconsiderar por sí mismo sus opciones políticas en vez de creer que todo irá mejor si se fomentan la frustración la pobreza y la desesperación.
Este Parlamento está, pues, atado y cuando dentro de cuatro o cinco semanas el gobierno sea investido, empezará una fase inconcebible de tensión causada, curiosamente, por la creación de un parlamento irreprochablemente elegido.