El PP expone sus exigencias para respaldar el diálogo con la banda armada
«La verdadera paz solo va a venir de la disolución incondicional de ETA, de la petición por parte de los terroristas de perdón a las víctimas, de su colaboración con el Estado de Derecho y con la renuncia total, expresa y pública a la violencia», anunció ayer el secretario general del PP, Ángel Acebes, y concretó así las condiciones que su formación política exige para sumarse a un proceso de paz.
Acebes hizo estas puntualizaciones durante la recogida de firmas a favor de un referéndum sobre el Estatuto catalán. Horas más tarde, el secretario de Comunicación, Gabriel Elorriaga, citaba los mismos requisitos con una formulación similar. El alto cargo resumía las exigencias de su partido y pedía la «disolución de la organización y entrega de las armas; petición de perdón a las víctimas y una condena expresa de la violencia». El PP da así un leve paso adelante y, aunque mantiene el mismo planteamiento basado en la máxima intransigencia con la banda terrorista, delimita el territorio para un hipotético proceso de paz. Sus exigencias no suponen una novedad con respecto de los planteamientos que ha venido defendiendo, pero representan una modulación en el tono del discurso y tienen el valor de la oportunidad del pronunciamiento.
En enero del año 2005, cuando el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, mencionó por primera vez la existencia de «fundadas esperanzas» de paz, el PP no quería hablar de otra cosa que no fuera «la derrota definitiva e incondicional de ETA».