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Viernes, 17 de febrero de 2006
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OPINIÓN
TRIBUNA
Constituidos los lobos en república
LAS pequeñas entregas con que nos sigue lubricando el Boletín Rioja Salud, los retazos que han trascendido a la prensa y los comentarios envenenados acerca del Libro de Estilo del Sistema Público de Salud de La Rioja, acrecentados tras ser nombrado su autor director de un hospital privado, están haciendo que se le espere con estupefacción por unos y enojo por otros, en razón de la decepcionante realidad que viene a poner de manifiesto. Ese nasciturus de papel -sospecho que bien concebido literariamente, habida cuenta de quién es el padre- sería tolerable si no hubiera asuntos más perentorios, y si algunos de sus promotores hospitalarios, ignorantes de que santo de casa no hace milagros, no estuvieran tan sobrados de petulancia como faltos de empatía. Pero en la situación actual viene a ser como una guía para limpiar la casa sin levantar las alfombras, debajo de las cuales se almacena ingente cantidad de mierda (perdón, no hay otra palabra), de cuya existencia la Dirección del Hospital San Millán da la impresión de no querer enterarse.

No voy a entrar en el acoso /reprobación que están sufriendo algunos compañeros del Hospital a cuenta de su éxito en la consulta particular; en la sangría de pruebas diagnósticas y análisis con destino a la tentacular 'privada', solicitados incluso por personal no facultativo; en la consentida figura de 'juez y parte' en quienes desde el Hospital envían pacientes a los centros privados concertados donde trabajan (verbigracia, a uno de los de fertilización in vitro); en el estancamiento jerárquico de la carrera profesional, en la que el poco medro que cabe es más a expensas de la fidelidad que del saber; en la cicatería presupuestaria, que deja la formación continuada a cargo del menguado peculio del médico o al oprobio de la dadivosidad de la industria farmacéutica; en el imparable incremento de altos cargos, algunos de ellos arribistas faltos de entrepierna intelectual para acabar con los desmanes de ciertos jefes de servicio trabucaires; en la descorazonadora politización en la adjudicación de plazas, en la que la docilidad, la bifurcación y otros méritos paraclínicos revientan cualquier baremo; en la descarada utilización del Hospital, que bien podría decirse prolongación de algunos centros privados, asuntos todos ellos de mayor calado que las carencias que el extemporáneo libro de estilo pretende venir a remediar. Pero, con el respeto y la firmeza que convienen en estos asuntos, sí voy a recordar a los encastillados directores -porque el asunto no admite un día más de demora- el clamor de la calle, el de los 28, el de quienes pagan la sanidad pública: que hay una puerta falsa en algunos quirófanos del Hospital San Millán.

Ningún asegurado ignora que para entrar legalmente en la lista de espera de cualquier quirófano hay que pasar por el médico de familia, el especialista del Policlínico que entienda la dolencia (ginecología, etc.) y otros especialistas en pruebas complementarias (análisis clínicos, radiología, etc.). Pero, al parecer, hay gente que pasa directamente desde determinadas consultas privadas a dicha lista de espera, saltándose todo lo demás. ¿Porqué quienes no quieren o no pueden pagar consultas privadas con determinados médicos tienen que ver retardada su curación?¿Es esa la «correcta relación entre profesionales y usuarios» por la que el libro de marras aboga? Investigar esas corruptelas y, si se demuestran ciertas, sancionar ejemplarmente a los implicados es la lección de estilo que nos tienen que dar.

Si lo que se pretende es la distracción perfectiva del personal, no nos afrenten con el estilo. Comiencen por distribuir entre quienes así se comportan con sus compañeros y con el Seris un prontuario de cómo dimitir o cesar, para que empiece de inmediato la inexcusable limpia hospitalaria. De lo contrario, corren el riesgo de que se interesen por estos asuntos las asociaciones de consumidores y usuarios, algún periodista de raza con ganas de dar un buen servicio a los ciudadanos y momio a su periódico, la joven Asociación Profesional de la Sanidad Pública de La Rioja y, a requerimiento de algún asegurado, hasta el mismísimo Defensor de Usuario...Y, mientras se purga y pule el tan mentado libro (cuya distribución sospecho que podemos esperar sentados), madúrennos/se con, por ejemplo, El humor en la relación con el paciente, de Begoña Carbelo, cuyos contenidos, considerando el enfado y la frustración del personal, son casi imposibles de llevar a la práctica. O con Fábulas, de Esopo, del que he tomado el título y con una de cuyas moralejas quiero terminar: «¿ De esos que tanto crecen, cuántos hay que empiezan por no cumplir las leyes que decretan y establecen!».

El estilo es la persona.



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