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Viernes, 17 de febrero de 2006
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AUDIENCIA
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TRIBUNALES
El fiscal cree que el presunto homicida de Alfaro tenía intención de matar a su mujer
La acusación particular concluye que Pedro M. R. «se ha hartado de mentir» en el juicio y dice que no hay dudas del homicidio La defensa alega que su cliente confesó «vencido por la presión»
«Lo siento mucho, pero yo no he hecho nada. Todo lo que hice fue por el bien de mi mujer». Con este alegato en defensa de su inocencia, Pedro M. R. cerró ayer la vista del juicio que, por homicidio y violencia habitual contra su esposa, tuvo lugar en la Audiencia Provincial de Logroño. El caso quedó visto para sentencia.
El acusado, momentos antes del inicio de la sesión del juicio de ayer. / JUAN MARÍN
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DATOS DEL CASO
El acusado: Pedro M. R., de 68 años.

La víctima: María Teresa S. G., que tenía 66 años cuando falleció.

Los hechos: El 1 de octubre del 2004, presuntamente, Pedro M. R. dio una paliza a su mujer, que murió cuatro días más tarde.

Petición de la Fiscalía: 13 años de cárcel por homicidio y 2 más por malos tratos, además de otros 10 años de alejamiento de la familia y una indemnización de 200.000 euros para cada una de las hijas del matrimonio y 20.000 euros para el hermano de la víctima.

Petición de la acusación particular: 14 años de cárcel por homicidio, 2 años más de prisión por malos tratos habituales y 24 años de alejamiento de las hijas, los yernos y los nietos.

La defensa pide la libre absolución.

El juicio quedó ayer visto para sentencia.

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Antes, la acusación y la defensa tuvieron la oportunidad de exponer sus conclusiones. En primer lugar, el fiscal echó mano de las pruebas de los forenses para intentar demostrar la culpabilidad del acusado. «Los médicos dijeron que la muerte era incompatible con una caída por las escaleras», explicó. «Según los peritos, la lesión en la cabeza no pudo producirse al golpearse con una arista de la escalera, sino por un objeto contundente de una manera 'activa', es decir, con una fuerza necesaria», añadió. Y finalmente, destacó el fiscal, «Pedro M. R. tenía intención de matar».

La acusación particular incidió en los argumentos del Ministerio Público. «Pedro M. R. se ha hartado de faltar a la verdad durante todo el proceso», aseguró. A juicio del abogado, éstos son algunos ejemplos de «mentiras»: «Negó que su mujer dormía en una habitación que se cerraba con llave. Puso en duda también los métodos de investigación de la policía. Y es capaz de seguir manteniendo su inocencia hasta el último minuto con tal de poder salir a la calle».

El alegato de la defensa se basó en dos ideas claras. Por un lado, en la teoría del 'árbol caído', que pretendía demostrar que Pedro M. R. no contó con garantías procesales durante el desarrollo de la investigación. «Las pruebas fueron conseguidas de manera ilícita, ya que confesó sin la presencia de su abogado, y de pruebas ilícitas no pueden deducirse más pruebas», subrayó el abogado. «Vencido por la presión, los investigadores pudieron recoger la declaración en la que el acusado se incriminaba», agregó.

Pero la defensa también insistió, por otra vía, en que Pedro M. R. era inocente. «Mi cliente pertenece a una España 'sin cultura', que no sabe que el 112 es el teléfono de urgencias, que no sabe que no hay que mover a una persona que se ha caído desde una escalera. Siempre tuve el convencimiento de que el acusado es inocente», opinó el letrado.



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