Aginagalde explica algunos de sus secretos en la portería
Su llegada a Logroño sorprendió a muchos. Gurutz Aginagalde era un clásico en la portería del Bidasoa y recalaba en Logroño después de muchas temporadas en Asobal. Pero además de por su altura y corpulencia, el irundarra dejó boquiabiertos a muchos por su calidad bajo la portería. Cuando se le interroga cómo es posible que exhiba esa flexibilidad, Gurutz no le da mucha importancia: «Esto es como todo, cuestión de trabajo. Los altos somos menos flexibles y a lo mejor por eso pusieron más interés en trabajar mi elasticidad», explica.
Cuando los lanzadores rivales enfilan la portería del Darien, Gurutz tensa los músculos y lo mismo abre las piernas 180 grados, que levanta el pie hasta la altura del larguero: «Hay que tapar huecos», manifiesta con sencillez.
Además se considera afortunado porque las lesiones le han respetado: «El trabajo diario y constante es bueno para evitar lesiones. Después de once años jugando al máximo nivel nunca he tenido una rotura de fibras. La única lesión que recuerdo es un esguince de tobillo. Eso es gracias a calentar bien y a realizar los estiramientos de la forma adecuada. No hay más misterio», sentencia Gurutz.
Sobre sus paradas, tampoco tiene dudas: «Lo importante es ser eficaz y tratar de detener el mayor número de lanzamientos. Hay veces que debes quedarte quieto y otras que el rival te obliga a un esfuerzo grande. Son paradas espectaculares, pero el objetivo es el mismo», explica mientras levanta la pierna a la altura del larguero.