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Viernes, 17 de febrero de 2006
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CULTURA
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Conciencia y sentimiento
Recuerdo a Octavio Colis (Logroño, 1948) en el Madrid de los años ochenta. Para mí y para algunos de los que llegamos a esa ciudad al comienzo de esa década sigue siendo una persona especial. Nos llevó a La Mandrágora, visitamos su casa, nos presentó a gente que, como buenos provincianos, teníamos mitificada y en el caso de Manolo Saiz le facilitó su primer contacto serio con el mundo del arte. Ahora, al contemplar esta exposición, no puedo olvidar el aprecio que nos ofreció y rememorando reconozco algunas cosas que me permiten acercarme a su obra.
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El círculo madrileño de Octavio no era el de la 'movida'. Ni por edad ni por temperamento pertenecía a ella. Sintonizaba con intelectuales, me atrevería a declararlo como un heredero del 68, en su línea más ácrata. En su faceta plástica sí que mostraba proximidad con lo que estaba pasando en la pintura madrileña de los ochenta. Consideraba la figuración, admiraba a Matisse y practicaba la renovación desde ese mundo de la tradición vanguardista tan parisinamente expresionista. Pese a esta vuelta a la forma, al color, al aprecio por la práctica de la pintura, incluyendo la presencia de la modelo que acudía a su casa, este pintor, actor y otras muchas cosas más, valoraba la necesidad de la narración, del contenido en la obra de arte. La exposición Ir o venir no puede contemplarse sin tener esto en cuenta. El sentimiento es la clave para entenderla.

Existe un hecho que motiva el trabajo del artista, la llegada de inmigrantes a una magnífica playa de la isla canaria de Graciosa en la que está pasando una temporada. Sin embargo, la pintura de Octavio no es una crónica social, pretende, muy al contrario, plantearse como una reflexión plástica que no renuncia al hecho que la motiva. Por eso me gustaría analizarla desde este aspecto. Pienso que la muestra ofrece una gran unidad, excepto los detalles más literarios que surgen a veces en algunos dibujos y en la cabina-instalación, toda ella refleja un mismo estímulo que ocasiona imágenes diversas. Esta riqueza creativa es un regalo que debe agradecerse.

La contraposición entre el individuo y la naturaleza, ambos concebidos de un modo genérico, tiene muchos antecedentes en la historia del arte. Se han señalado para su trabajo los germánicos y no es extraño porque en el ámbito alemán surge una implicación sentimental provista de trascendencia que aquí también se respira. Curiosamente, y aunque la relación con el Romanticismo pudiera existir, se aprecia cierta proximidad con los neoexpresionismos de finales de los años ochenta, también bastante germánicos. Tras establecer estas referencias no puedo menos que insistir en los aciertos formales que ofrece esta pintura. Para ello parte de una aparente sencillez, esa simplificación llena de intensidad que, ya digo, le aproxima a los cultivadores de la expresión. Si los trazos inciden en ella, también en el simbolismo -son redes que pueden atrapar-, no es menos cierto que alcanza mucho más allá. La narración, configurada en los momentos del viaje y en el protagonismo de los elementos, se afirma desde lo universal. Lo que les ocurre a los inmigrantes subsaharianos y norteafricanos es un drama que afecta a seres humanos. Igual que en los Fusilamientos de Goya o en la Balsa de la Medusa de Guéricault un hecho particular se expresa también como una queja contra el dolor, el miedo, o la injusticia de cualquiera, y así se ofrece, plena de subjetividad, naciendo desde el mundo del propio artista, el de la imaginación, el de la creación, el del sentimiento. Todo esto, claro está, sin la sabiduría en el uso del color y la forma de quien ha alcanzado su madurez artística no sería nada. IR O VENIR

Autor: Octavio Colis Sala: Amos Salvador

Fechas: Hasta el 26 de febrero



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