Arzuaga, que presentó su primera colección mixta en Cibeles, clausuró la jornada con un desfile inspirado en dos prendas tradicionales como son el esmoquin y el chaqué, sobre los que hace diferentes y arriesgadas interpretaciones, como poner los cuellos en escotadas espaldas, en ocasiones totalmente abiertas o poner cola pingüino a las chaquetas masculinas. «Son prendas que hay que mirar por delante y por detrás, ya que a veces la fuerza está precisamente en las espaldas», comentó la diseñadora que ha acentuado la exageración en pasarela pero que adapta sus diseños en su línea comercial. En su línea masculina destacaron las camisas de algodón. Importantes también los chalecos desestructurados que son a la vez camisa y camiseta.
Más faldas que pantalones para las mujeres, con largos totales o sobre la rodilla, y en dos líneas, una tubo tradicional y otra muy voluminosa. Arzuaga ha dado mucha importancia a las capas y capelinas, algunas pegadas a los largos vestidos y como único complemento los largos guantes de cuero, con un dedo al aire. Los tejidos son lanas, algunas plastificadas, y fieltros, junto con cachemir, gasa de seda y cuero tratado y envejecido, y todo ello en una corta paleta de color: negro, gris, caqui y piedra muy claro.
David Delfín presentó la colección 'Pater': prendas inspiradas en uniformes, depurados y pulcros, desde los de colegio, los militares o los que recuerdan la toga de los jueces, con encajes de bolillo hecho a mano. Piezas ambiguas, como un jersey de punto negro con un detalle blanco en el cuello que recuerda un alzacuellos, un solo jersey que parecen dos, una falda con una pierna de pantalón, una corbata que recorre el vestido femenino, bolsos con forma de bolsas de basura y muchos estampados, entre ellos el logo del diseñador, la flor de lis o la cruz roja.