Antes de que el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Logroño quedase visto para sentencia, el acusado, de 68 años, declaró que sentía "mucho" lo sucedido, recalcó que no había hecho "nada" y que todo lo hizo por "el bien" de su mujer y de la casa.
En sus conclusiones definitivas, el fiscal pidió para P.M.R. una pena de 15 años de cárcel (13 como presunto autor de un delito de homicidio y dos por otro de violencia habitual), una indemnización de 250.000 euros para las dos hijas del matrimonio y otros 20.000 para el hermano de la víctima y la prohibición de acercarse o comunicarse con sus hijas y familiares durante diez años.
La acusación particular, ejercida por las hijas, exige 16 años de prisión (14 por el homicidio y dos por la violencia habitual), una indemnización de 400.000 euros por los daños morales y la prohibición de aproximarse o comunicarse a ellas, sus hijos y sus respectivas parejas en un plazo de 24 años.
La defensa insistió en la absolución del acusado, ya que consideró que P.M.R. no contó con asistencia letrada en su primera declaración, por lo que es "nula de pleno derecho, al igual que el resto de pruebas, fruto de esa manifestación".
El Ministerio Público destacó, en su informe final, que según constataron los forenses de Zaragoza que hicieron la autopsia de la víctima, "no había lesiones periféricas en brazos y piernas propias de una caída por las escaleras", como sostenía la versión del acusado.
La mujer falleció por un fuerte golpe en la cabeza, asestado con un objeto con dos salientes que provocaron sendas fracturas en el cráneo, según los forenses.
Sobre las distintas declaraciones del acusado ante la Guardia Civil, el fiscal dijo que si realmente recibió presiones para incriminarse por parte de los agentes, lo debería haber comunicado cuando declaró ante el juez.
También dijo que "no es normal que no llamase al médico por teléfono en cuanto vio a su mujer tendida en el suelo, le moviese la cabeza y, encima, mandó a su cuñado que estaba impedido y casi inválido a avisar a los servicios sanitarios".
Sobre el delito de violencia doméstica habitual, recordó que existían rumores en el vecindario, las hijas lo manifestaron y el propio cuñado constató el maltrato semanal, también hacia su persona, pero no denunció los hechos por estar "muy asustado".
Por su parte, la acusación particular resaltó que el procesado limpió la sangre y vómitos de la víctima antes de que llegase el médico de Alfaro a atenderla y tuvo tres días para ocultar huellas y pruebas antes de la inspección de la Guardia Civil.
El letrado indicó que "si no hubiese tardado más de dos horas en avisar al médico, la mujer tal vez estuviese con vida", pero en ese lapso de tiempo aprovechó para esconder el objeto con el que presuntamente la golpeó y borrar los vestigios incriminatorios.
Recordó que el procesado, quien trabajó como pastor durante dos años en Estados Unidos sin conocer el idioma, es "una persona decidida, capaz de afrontar las situaciones y, por tanto, reivindica su inocencia para obtener el menor perjuicio", según el informe psicológico.
Por último, el abogado de la defensa expresó su "firme convencimiento" de que su cliente es "inocente y ha pasado más de un año en prisión por un cúmulo de circunstancias" y recalcó que "no puede determinará qué arma utilizó porque no usó ninguna".
Dijo que declaró ante la Guardia Civil "vencido por la ignorancia, el cansancio y la presión" y afirmó que el acusado "es una persona poco instruida que no sabía qué declarar durante el procedimiento judicial".
Sobre la acusación del delito de violencia doméstica, aseguró que "no tiene antecedentes penales por estos hechos y no existen denuncias contra él de su mujer o su cuñado, que además vivían con él en el mismo domicilio".