Por otras funciones, como microoxigenación del vino y cesiones de gustos y aromas, la vida es más reducida.
La microoxigenación se hace a través de la duela, por invasión de espacios vasculares y por la juntura. A los cuatro años se recubre de polvo exterior y humedad y se corta la microoxigenación por espesor. La de invasión de traqueidas se atenúa, pero puede ser significativa hasta ocho años y la de juntura no se atenúa y está en función de humedad de la nave de crianza.
La cesión de gustos y aromas del roble y del estrato tostado decae desde el primer día y es bajo a cuatro años.
Los efectos perseguibles hoy decaen a partir de seis años.
Después la barrica es inerte, pero puede ser injuriosa para el vino si está mal lavada. Entre los diez y los veinte años pueden proliferar levaduras indeseables como brettanomyces que ceden olores nefastos. Y a partir de los veinte años hay probabilidades de gusto a moho.
El cierre con tapón de silicona apto para alimentación, es un gran logro, pues cierra herméticamente, permite rodar, permite posición vertical del cierre y evita el avinagrado como riesgos de arpilleras de opturación.
El lavado entre llenados debe hacerse con agua a presión siendo caliente, a más de 85º C., a partir del cuarto año.
Es nefasto el uso de detergentes o compuestos de cloro. Si existe algún deterioro químico, el lavado con solución de permanganato potásico al 1% es muy eficaz.
La operatividad ideal es vaciar, lavar y volver a llenar. La barrica vacía corre grandes riesgos de deterioro por bacterias generando acidez volátil (en verano) y de mohos (en invierno), generando gustos indeseables.
Si no podemos llenar pronto se quema una pastilla de azufre de cinco gramos y así puede resistir unos días sin mohos ni bacterias. Después hemos de tener en cuenta que el vino va a tomar sulfuroso al echarlo a la barrica azufrada. Si la llenamos con grifo, desde la boca, toma 7 mgs./l. de sulfuroso libre y si lo introducimos con caña hasta el fondo tan sólo toma 2 mgs./l. de sulfuroso libre.
Habitualmente se trasiega el vino de barricas a barricas cada cuatro o seis meses.
La constitución de pirámides enormes de barricas resulta vistosa, pero suponen riesgo para la calidad del vino. El vino debe trasegarse cuando el nivel de sulfuroso baja hasta 15 mgs./l. Se debe poner en barrica a menos de 35 y cuando llegue a 15 se trasiega. Si para mantener una pirámide monumental lo pusiéramos a 40 mgs./l. de sulfuroso libre, abortaríamos la crianza. Si el nivel de sulfuroso decae mucho puede subir la acidez volátil. Por lo tanto, el ritmo de trasiego lo marca el sulfuroso libre.
El ambiente de la nave de barricas no debe sobrepasar los 18º C., tomados a nivel de la barrica más alta. En una pirámide de cinco alturas, cuando la barrica baja alcanza 18º C. en verano, la más alta sobrepasa los 20º C. La humedad no debe ser inferior al 85%. Con humedad inferior se abren las junturas y el vino puede enranciarse.
Las barricas usadas pueden oler a roble, lo cual es aceptable. Pero pueden también oler a vinagre y es tolerable, aunque precisarán lavado. Pero si huelen a "establo" deben rechazarse. El azuelado de barricas usadas es técnicamente conveniente.