Los peritos afirman que la víctima de Alfaro murió por un golpe muy violento en la cabeza
Los expertos indican que el acusado utilizó un objeto contundente y golpeó con una fuerza equivalente a «800 kilos por centímetro cuadrado» Pedro M. R. se retracta de su confesión y asegura que fue un accidente
El juicio contra Pedro M. R., el alfareño acusado de matar de una paliza a su esposa en el 2004, comenzó ayer en la Audiencia Provincial de Logroño. En la vista oral, intervinieron el presunto culpable, el hermano de la víctima, las dos hijas del matrimonio, los profesionales que atendieron a la mujer muerta y dos de los agentes de la guardia civil encargados de investigar el caso.
Pero los testimonios más clarificadores llegaron por boca de los peritos encargados de realizar la autopsia del cadáver. Según afirmaron ante el tribunal, María Teresa Sáez recibió un «golpe muy fuerte» en la cabeza con un objeto contundente que le provocó dos heridas simétricas en la nuca. El impacto fue tan brutal, relataron los expertos, que el cráneo, una de las zonas más protegidas del organismo, se rompió por dos sitios diferentes. «La fuerza del golpe resultó equivalente a un impacto de 800 kilos por centímetro cuadrado», declaró un perito, que agregó, para resaltar la violencia del ataque: «Cuando lo analizamos, el cerebro estaba deshecho».
La opinión de los expertos contrastó con el testimonio del acusado, que ayer se retractó de su declaración previa ante la Guardia Civil y argumentó que había sido presionado para obtener una confesión. «Cuando me preguntaron, yo les comenté que todo había sido un accidente, pero no me creían», declaró Pedro M. R. «Entonces, un agente afirmó: 'La ciencia no engaña'. Yo no sabía qué decir, tenía miedo, lloraba y me oriné encima. Un guardia me dijo: 'Lo que pasó es que usted subió por las escaleras, insultó a su mujer, la cogió por las muñecas y la tiró'. Yo respondí que sí porque, en aquel momento, era un zombi de Dios, estaba mareado, como loco».
En la vista, el acusado volvió a su primera versión: «Yo estaba fumando un cigarro en el salón y de repente, oí el sonido de dos botes de cristal chocando en el rellano de la escalera. Salí y me encontré a mi mujer en el suelo. Le hice el boca a boca y empezó a vomitar espuma. Junto con mi cuñado Santos, la cogimos de las muñecas y las piernas y la llevamos a la cama. Allí siguió devolviendo. Mandé a Santos a buscar al médico, vinieron y se la llevaron a Calahorra». Los puntos oscuros de la declaración fueron detalles bastante esclarecedores. Por un lado, la inexactitud del tiempo transcurrido hasta que llegó la ambulancia, unos minutos a juicio del imputado; bastante más, según la acusación. Por otro, el hecho de que Pedro M.R. negara en un principio que había limpiado de sangre el suelo, aunque posteriormente declaró que sí lo había hecho.