Ni él, ni su mujer, ni su amigos se lo tuvieron que pensar mucho. Compraron con tarjeta de crédito cuatro billetes de ida y vuelta para el vuelo del 3 febrero (con regreso el día 6) y en total pagaron algo más de 30 euros por billete. La confirmación de la aerolínea llegó por correo electrónico. El e-mail era, además, su billete.
Aunque todo parecía correcto, e incluso su hermano había volado ya con Ryanair sin problemas, Manuel confiesa que «parece que hay algo que te inquieta, porque piensas que por algún lado te la van a clavar».
El caso es que, por si las moscas, las dos parejas decidieron que el día 3 estarían pronto en el aeropuerto zaragozano para facturar. Tal y como les habían indicado, entregaron su correo electrónico y les dieron las tarjetas de embarque. Perfecto.
Y llegó el momento de partir. «Sí, hay que intentar darse prisa -recomienda el joven- porque la tarjeta no asigna a cada pasajero un asiento y es mejor ir con antelación y asegurarte tu plaza». Claro que también hay un lado positivo: «Lo bueno es que media hora antes de despegar ya está todo el mundo en el avión». De hecho tanto el vuelo de ida como el de vuelta registraron un adelanto de unos veinte minutos.
Para terminar de confiarse, Manuel se fijó «expresamente» en el modelo de avión en el que iban a volar. Y le sorprendió: un Boeing 737. Aún así mantuvo sus recelos sospechando que «iríamos como piojos en costura». Y se equivocó: «Había espacio suficiente y viajamos bastante cómodos». Por cierto, que los dos vuelos, tanto el de ida como el de vuelta, estaban completos.
Ahora bien, las azafatas no les ofrecieron de cortesía más que su sonrisa. Ni un café, ni unos cacahuetes, ni unas tristes gominolas. Si alguien quería algo... pay per view. No obstante, las auxiliares pusieron a disposición del pasaje la habitual oferta de venta de artículos de regalo, como esas adorables cajitas con miniaturas de perfumes. Todo un clásico.
Manuel, Noemí, Francis y Rosa volvieron encantados y con la firme decisión de, en cuanto puedan, repetir.