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Lunes, 13 de febrero de 2006
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La venganza de Mataviejitas
La Fiscalía mexicana acusa a Juana Barraza, de 48 años, del estrangulamiento de cincuenta ancianas
Juana Barraza Samperio se convirtió en la peor asesina en serie de México por venganza contra su madre. «Me daba mucho coraje, lo hice por coraje», reconoció a la policía, que logró detenerla el 25 de enero por un golpe de suerte. La Fiscalía mexicana cree que es responsable del estrangulamiento de cerca de cincuenta ancianas, varias entre la extensa comunidad española afincada en el país azteca.
Juana Barraza, escoltada por policías, responde a las preguntas de los periodistas. / REUTERS
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Su complexión robusta, su altura y sus facciones duras despistaron a los testigos que hablaban de un hombre o un travestí. Barraza, de 48 años, promotora y ex jugadora de lucha libre que se hacía llamar 'La Dama del Silencio', es una exhibicionista -siempre vestía de rojo cuando iba a matar- y ambidiestra, tiene la misma fuerza en ambas manos.

Se hacía pasar por enfermera o por funcionaria que iba a ayudar a gestionar una pensión municipal para ganarse la confianza de las ancianas, entrar en la casa, estrangularlas o golpearlas hasta la muerte, para después robar alguna de sus pertenencias.

Su peluquera todavía está asombrada. «Tenía el cabello chino y negro, pero yo le hice ese corte porque me dijo que debía cambiar de imagen para que no la reconocieran en la lucha libre». Pasaba desapercibida en el vecindario. Ella dice que se dedicaba a lavar y vender ropa.

Después, un hijo suyo murió en un asalto y fracasó en el mundo de la lucha libre, donde cambió el traje y la máscara por la venta de palomitas a los espectadores del cuadrilátero.

Martín Gabriel Barrón Cruz, criminólogo, llevaba tres años recopilando información sobre casos de asesinos seriales en el mundo. Nunca antes había estado cara a cara con uno de ellos, hasta que tuvo delante a Juana.

El especialista aseguró que le «impactó la estructura física de la mujer». Según el estudio criminal realizado a Barrera, ella es una «persona con un manejo perfecto de la escena, exhibicionista, segura de sus actos y fría para enfrentar a sus adversarios». Sobre esto pueden hablar los dos policías que, para arrestarla, tuvieron que emplear todas sus fuerzas y recibir más de un golpe, que será compensado con una vivienda nueva y 10.000 euros para cada uno.

Barrón explicó que preparaba sus crímenes de manera «metódica y calculadora» pero al ejecutarlos y en el tiempo que estaba en el domicilio de las víctimas «la euforia y desorganización ocuparon su mente».

Marcada por la infancia

El criminólogo intentará establecer cuál de los seis momentos más traumáticos de la infancia de Juana Barraza detonó sus impulsos homicidas, aunque asegura que ella no podrá alegar alteración emocional, porque siempre estuvo ubicada en tiempo y espacio para cometer sus crímenes. Se trata del alcoholismo de su madre; la revelación de que su tutor no era su padre biológico; su abandono de niña en un domicilio extraño; el abuso sexual, además de la muerte de su hijo en un asalto.

La pillaron con las manos en la masa: un inquilino de quien fue su última víctima se percató de la reciente muerte de su patrona. Pidió ayuda a una patrulla que a pocos metros de la casa descubrió a la Mataviejitas. Barraza confesó a la policía que tras cometer los asesinatos pensaba en «el arrepentimiento». Por eso, en tres ocasiones estuvo a punto de entregarse e incluso entró en las oficinas. Nadie la reconoció y se marchó por miedo a que sus dos hijos menores se quedaran solos.



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