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Domingo, 12 de febrero de 2006
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AUDIENCIA
OPINIÓN
TRIBUNA
¿A callar!
EL dogma que para Occidente encarna la libertad de expresión, maltratada de antiguo por creencias de toda condición, ha encajado un serio varapalo a cuenta de unas viñetas irreverentes. Los medios de comunicación rompen fronteras físicas, y trituran las espirituales, acabando con el ojos que no veían, corazón que no sentían. En nuestra sociedad del conocimiento nada escapa al escrutinio popular ni tampoco al escarnio. La palabra libre se rebela chocando con la palabra revelada, que, aliñada con unas gotas de ignorancia, un chorretón de cuádruple rasero amén del incesante acoso, vía bélica, revuelven al integrismo islámico, vía fatua, contra el desconsiderado mundo de la prensa y sus banderas.

Ignoran los musulmanes el atractivo que esconde para nosotros todo lo prohibido. Ahora más que nunca, la opinión occidental querrá librarse de toda imposición, pero, ¿ojito!, la metedura de pata puede matar. Por su respuesta desproporcionada a una opinión particular, el islamismo se descalifica. Parafra- seando a Churchill, pero al revés, podría tildársela como la mejor de las religiones, excluidas todas las demás, con lo que caeríamos en su mismo error, el de enjuiciar al todo por la sinrazón de una parte.

Los musulmanes deberían aprender de nuestra religión casera, la cual, tras un cursillo acelerado de 2.000 años -no existía Corporación Dermoestética-, ha soltado lastre para salir del limbo, preguntándonos los infieles para cuándo el Purgatorio. Con todo, hablar con libertad y disentir de su Verdad ha dejado un largo reguero de herejes en la hoguera, y todavía hoy laten rescoldos de ceguera por asuntos que rozan la higiene personal. Un cristianismo renovado que soporta estoicamente muchas barrabasadas, cuyos autores se cuidarían mucho de aplicar a credos visitantes. Ya se sabe, donde hay confianza, da asco, un matiz de trato que aprovecha algún articulista de peso, y gafas, para mofarse del valeroso colega, y de paso, eludir su enorme bulto. Algo de razón tiene, aunque la valentía no consiste en tentar la suerte a lo tonto. Meter la cabeza en la boca de un león puede ensayarse con una fiera previamente domada, no con una desacostumbrada a tales usos orales. Ni más ni menos respeto, coherencia vital y miedo a que te dejen la cara como un Cristo. La vida bien vale un mutis.



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