El primer año de una nueva vida
Simona, la primera inmigrante regularizada en La Rioja en el proceso, recuerda cómo consiguió la documentación
Hasta hace un año, Simona Prodisteanu era una ciudadana de segunda división, sin derechos, 'ilegal', decían de ella y de todos los que se encontraban en su situación. Pero todo cambió el 7 de febrero del 2005. Ese día, acudió a las oficinas de la Seguridad Social de la calle Sagasta con el certificado de penales de Rumanía, con un contrato de trabajo de tres contratadoras, que la demandaban para realizar la limpieza de sus casas, y con la nota de empadronamiento del Ayuntamiento de Logroño. Un mes después, le llamaron por teléfono para decirle que sí, que la administración había aprobado su solicitud y que ya era una ciudadana 'legal', una 'con papeles'.
Han pasado doce meses desde entonces, y en ese tiempo, algunas cosas han seguido como siempre en la vida de Simona: continúa trabajando en las mismas casas y sigue viviendo en el mismo piso de la calle Murrieta. Pero otras han cambiado: la joven rumana, de 28 años, ha podido cuidar mejor a su hijo, Denis, con problemas de tiroides, que desde hace unos meses ya no sufre crisis. Pasea también por las calles sin preocuparse de que la Policía pueda pedirle sus papeles. Y ha engordado unos kilitos: de 46 a 49.
«Es por la tranquilidad», explica. «En cuatro años he pasado de vivir sola en una habitación, llorando todo el día, a sentirme verdaderamente bien en Logroño, a querer quedarme a vivir aquí hasta los 60 años», cuenta, con una sonrisa. A ella le llegan noticias de que la situación en su país empeora, de que hay menos trabajo, mientras en España crecen las esperanzas. «Vinieron a verme mis padres y se quedaron alucinados del nivel de vida de La Rioja», corrobora.
La vida de Simona era muy distinta en el 2002. Entonces, llegó con lo justo a Logroño, endeudada y con un porvenir incierto. Vivió sola, sin familia y sin amigos, durante los primeros meses. Después pudieron venir su marido, Ilian, y su hijo, y las perspectivas comenzaron a mejorar. «Ahora me he dado cuenta de que aquella época, lo mal que lo pasé, me enseñó mucho y me hizo más fuerte», concluye Simona.