El partido del 'Cavaliere', Forza Italia, junto a la ex-fascista reciclada Alianza Nacional, los separatistas de la Liga Norte y los democristianos de UDC, agrupados en La Casa de las Libertades, han hecho el milagro de la estabilidad. No obstante, para muchos se ha tratado de una oportunidad histórica perdida, porque no se han afrontado todas las grandes reformas pendientes que podía garantizar una mayoría absoluta.
En cambio, ha sido una legislatura marcada por el grave conflicto de intereses de Berlusconi, el hombre más rico de Italia, propietario de las tres principales cadenas de televisión privada y que ha aprobado varias leyes que le favorecen en los procesos judiciales abiertos en su contra. El insólito fenómeno del 'Cavaliere', a menudo incomprensible fuera de Italia, es el que volverá a someterse a juicio en las urnas el próximo 9 de abril.
El centro-derecha ha sufrido notables batacazos electorales en los últimos comicios europeos y administrativos, y los sondeos están dando a la oposición una ventaja de al menos cinco puntos: la coalición de centro-izquierda, La Unión, capitaneada por el ex-presidente de la Comisión europea, Romano Prodi, obtendría el 51-52% de los votos y la coalición de Berlusconi, un 46%. Sin embargo, 'il Cavaliere' ha decidido emplearse a fondo para recortar la distancia.
Desembarco televisivo
El líder de Forza Italia ha protagonizado desde principios de enero un desembarco televisivo sin precedentes: ha aparecido día si y día no en todos los programas posibles de sus tres cadenas y en los de las tres públicas.
Desde la mañana a la madrugada, se le veía pontificando y haciendo bromas en tertulias informales. El tiempo dedicado a Berlusconi del 7 al 20 de enero en la RAI, según el Observatorio de Pavia, fue de 7.33 horas, seguido a gran distancia por uno de los principales líderes de la oposición, Piero Fassino, con 3,7 horas, pero muy lejos de Romano Prodi, que solo sumaba 1,9. Al final, el propio presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, se vio en la obligación de hacer un llamamiento a las televisiones para que respetaran una cierta equidad informativa.
Además, Berlusconi ha intentado cambiar las reglas que imponen un equilibrio publicitario a los partidos, porque las considera «una ley mordaza antidemocrática». Al no contar con el apoyo de sus socios, optó por retrasar el momento de su entrada en vigor, es decir, la fecha de disolución del Parlamento. Debía haber sido hace dos semanas, pero él presionó al presidente de la República para demorarlo hasta ayer, con la amenaza de posponer las elecciones. Es decir, desde hoy el líder de Forza Italia deberá moderar sus apariciones, pero hasta ahora ha puesto toda la carne en el asador.
La Autoridad de Telecomunicaciones ha revelado que los anuncios institucionales sobre la actividad del Gobierno casi se han duplicado en la RAI en diciembre y enero: 641 frente a los 423 del bimestre anterior. Además de imponer un parón desde ayer, ha multado a las tres cadenas del magnate por «la falta de respeto en la paridad de tratamiento» a las fuerzas políticas.
Al contrario de la oposición, Berlusconi no ha hecho unas primarias internas para elegir el candidato de las elecciones, pero en la práctica existe solo él. Gianfranco Fini, de AN, y Pierferdinando Casini, de UDC, no ocultan sus ambiciones de relevarle como líder del centro-derecha, pero ante unos resultados inciertos se limitan a dejarse eclipsar por el despliegue mediático del magnate.
Del otro lado, los nueve partidos de La Unión aglutinados en torno a Prodi presentaron ayer su programa de forma muy significativa. Es hora de pasar página. Por el bien de Italia, no os fallaremos», dijo Prodi.