| MANUEL RUANO | MEDALLA DE ORO AL MÉRITO EN EL TRABAJO
«Recibir la medalla es más difícil que hacer una huelga»
El sindicalista riojano quiso dedicar el galardón a su esposa, Carmen Chover
Se subió Manuel Ruano a la tarima y recibió, emocionado, el abrazo del ministro Jesús Caldera. «Esto es más difícil que hacer una huelga», comentó, jocoso. Pero no iba a tener problemas después porque la platea, compuesta por sindicalistas, representantes públicos y periodistas, estaba entregada. Carraspeó, tomó la palabra y comenzó a repartir los agradecimientos por su medalla. Siguiendo cierto protocolo, citó primero a quienes (lo dejó en abstracto) le propusieron para el galardón. Se acordó después del Gobierno de Zapatero, del Ministerio de Trabajo, del ministro Caldera y de la Delegación de Gobierno.
Poco después, Manuel Ruano, siempre con cierta timidez, repartió los quilates de su Medalla de Oro al Mérito del Trabajo. «La mitad de este reconocimiento pertenece a mi compañera, a mi mujer, Carmen Chover», dijo Ruano, cruzando la mirada con su esposa. «Y después, otro poquito de la medalla es para mis compañeros, para los periodistas y para mi familia, porque han sido ellos los que me han hecho trabajar, los que me han exigido todo mi compromiso y toda mi dedicación personal», indicó.
Sorprendió Ruano cuando dedicó una parte de su reconocimiento a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Lo explicó después, en el brindis, con una anécdota: «Durante mucho tiempo, yo corrí delante de ellos. Pero después, me puse con ellos en las pancartas, en las movilizaciones, para reclamar sus derechos laborales y desde entonces, siempre me he sentido también vinculado a ellos».
Porque con las fuerzas de seguridad, con los periodistas, con cualquiera que se interpusiese en su camino, Manuel Ruano utilizó su arma predilecta: el diálogo. «Creo que la palabra es el modo más adecuado de mejorar la sociedad», recalcó. «Nunca deben prevalecer los malos modos, siempre hay que mantener posturas consecuentes, coherentes, firmes, en busca de acuerdos, algo que todos hemos logrado», agregó.
Y como ya no le quedaba medalla por repartir, contó con desparpajo qué era lo que él se iba a quedar. «Me voy a quedar», dijo, «con la cartera de mi calle, que el jueves me vio, y sin conocerme de nada, se acercó, me dio dos besos, y me dijo que se alegraba mucho por la concesión de la medalla». «Y también me voy a quedar», continuó, «con un hombre que me crucé en El Espolón, que tampoco me conocía de nada, y que se identificó como 'un ciudadano de Logroño'. 'Me siento muy honrado por su medalla', me dijo. Y yo se lo agradecí», concluyó Ruano. Y después, llegó el vino.